“Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios”
Hebreos 13:16 RVR1960
Un sacrificio es una ofrenda presentada a una divinidad como muestra de amor y agradecimiento; para calmar su cólera; para pedir su favor o alejar una amenaza y encontrar auxilio. En el Antiguo Testamento se instituyó el sacrificio de animales para expiación de pecados, los cuales iban acorde al tipo de falta y nivel adquisitivo de la persona.
Cuando Cristo murió por nuestros pecados, otro nuevo pacto entró en vigor. El sacrificio del Hijo de Dios fue único y suficiente para toda la humanidad, ya no sería necesario emplear animales nunca más. Sin embargo, en esta epístola se hace mención al sacrificio de alabanza, que alabemos a Dios en todo momento, no solo en fechas fijas, como si se tratase de sacrificios legales, sino mediante nuestras vidas. Pero agrega lo que dice en esta porción: no olviden hacer el bien y la ayuda mutua, porque ese tipo de sacrificios agradan a Dios. Solo hacerlo de labios no es suficiente, debemos también hacer bien a otras personas necesitadas y compartir lo nuestro en beneficio de otros.
Ciertamente no es necesario que derramemos sangre animal como en tiempos del Antiguo Testamento, pero debemos dedicar nuestra vida a alabar y servir a Dios, teniendo compasión y benevolencia con los que nos rodean. A nuestro Padre Celestial le agrada que tengamos misericordia de los demás, que seamos capaces de dar a los menos favorecidos, y hagamos buenas acciones aún a nuestros enemigos. De este modo estaremos dando testimonio de Él y demostrando el cambio operado en nuestras vidas.
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