“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”
Apocalipsis 1:3 RVR1960
El libro de Apocalipsis o Revelaciones es uno de los más controversiales y también de los más estudiados de la Biblia. Escrito por el apóstol Juan, es considerado el único libro exclusivamente profético del Nuevo Testamento y el uso de símbolos, eventos y procesos ahí narrados, además de su vinculación con otros libros de las Sagradas Escrituras, complican su interpretación, lo cual ha llevado a numerosos análisis y debates por la comunidad teológica.
Con todo, fue dirigido a las siete iglesias que se mencionan en el capítulo 2 y 3, y leído públicamente para todos sus miembros. Una bendición especial hay para el que lee y los que escuchan esta profecía revelada, con el objetivo de recordar y retener lo que dice en ella. Hay algo interesante, no se habla de que usted deba tener la clave de la interpretación total de ella, pero sí que guarde y espere lo que está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca. Pero recuerde que el inspirador de esta profecía es nuestro Padre Celestial, y mediante la dependencia del Espíritu Santo, podremos comprender su contenido.
Estamos viviendo bajo la idea de que tenemos tiempo. El libro de Apocalipsis es uno de los que menos mención tiene en las prédicas de las iglesias: se habla de lo que ya aconteció, y como podemos aplicar a nuestras vidas estos principios bíblicos. Sin embargo, gran parte de lo escrito aquí describe eventos que sucederán en nuestro futuro. Y es necesario entender que queda poco tiempo para reconciliarnos con Dios, para arrepentirnos de nuestros pecados, para predicar el Evangelio a los que no lo conocen.
Se le llama bienaventurado al que lee este libro, y también a los que lo escuchan. En la actualidad, saber que Cristo está por regresar es importante, no solo para la iglesia ponerse a cuentas con Dios para estar preparada para el rapto, sino para que los que se queden en el período de tribulación sean los menos.
Seamos los que leamos y comuniquemos a nuestra familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo lo que aquí se dice. Anunciemos que el tiempo se acorta, y que Dios está extendiendo la mano ahora a todo el que quiera reconciliarse con Él. Comencemos hoy mismo. Mañana podría ser ya tarde.
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