“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Juan 16:33 RVR1960
Muchas personas cuando se entregan a Dios lo hacen bajo la perspectiva de que todo les va a ir de maravillas a partir de ese momento. Quizás sea por una mala interpretación de las Santas Escrituras, por una falsa apreciación personal, o por algún sermón complaciente de algún pastor. Si bien en muchos países ser cristianos hoy en día no tiene grandes implicaciones, en otros puede costar la muerte. El cristiano es perseguido, discriminado, ridiculizado, coaccionado y sufre todo tipo de abusos en la actualidad.
Es curioso como el cristianismo es altamente atacado en sus bases éticas, cuando casi ninguna otra corriente religiosa o filosófica lo es. Considérese el budismo, confusionismo, hinduismo, entre otras. Los cristianos son atacados desde todas las aristas posibles, no solo desde los pilares de la fe, sino hasta en su forma de vivir, llegándose en la actualidad de ser catalogados de fanáticos, radicales, fundamentalistas, entre otros epítetos.
Anunciar que Dios existe, que solo mediante Jesucristo podemos ser salvos, que existe un infierno de condenación, que la verdad es absoluta, que somos pecadores, que debemos cambiar nuestro modo de vida y dejar los excesos es algo que es totalmente rechazado y, por ende, quienes hablan de esto son cuestionados, excluidos, tomados objeto de burla o por ilusos.
El cristianismo fue, desde sus inicios, para valientes. En la actualidad lo es. Siempre hay un dedo que se levanta para señalar, un gesto acusador, tanto en el mundo físico como en el espiritual. Hay una persecución sin precedentes, como nunca la ha habido contra ningún otro. Pero tenemos una promesa para nosotros.
En el versículo anterior al que traemos, Cristo está hablándoles a sus discípulos acerca de lo que vendría, de que ellos serían esparcidos y lo abandonarían para ser sometido a juicio, crucifixión y muerte. Pero les aclara que no estará solo, sino con el Padre. Y concluye a modo de resumen de toda esta porción de Juan 16 que todo lo dicho antes es para que en Él tengan paz, que haya confianza en el nombre del que venció al mundo que posteriormente afligiría a los discípulos, y que en la actualidad sigue afligiendo a los cristianos.
Si usted es cristiano, sepa que usted no está en un club social. No está en un movimiento político. Y ser cristiano no es un status. Jesús nunca prometió que estaríamos en un lecho de rosas, aseguró que habrían dificultades. Pero recuerde por qué estamos aquí: queremos ser salvos, queremos que nuestra familia sea salva, queremos asemejarnos a Cristo y santificarnos cada día más, queremos agradar a Dios. Esta es una carrera de toda una vida para asegurar donde pasaremos la eternidad. Pero tenemos un apoyo divino y perfecto, que estará con nosotros todos los días, y hasta el fin del mundo.
Y si Dios está con nosotros ¿quién podrá contra nosotros?
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