Esperando lluvia tardía

    “Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno”

    Zacarías 10:1 RVR1960

    Nuestro Dios es un ser extraordinario. Es imposible para nosotros comprender Su naturaleza, del mismo modo que un microorganismo no entendería la complejidad de un humano. Es incomprensible como siendo Todopoderoso tiene compasión por sus criaturas, inclina Su oído a nuestras peticiones y obra en favor nuestro.

    Somos pecadores y caemos con facilidad a las tentaciones. Enojamos a Dios, pero Él siempre está dispuesto a perdonarnos si nace de nuestro corazón un arrepentimiento genuino. Nuestro Padre Celestial escucha nuestro clamor, es fuente de misericordia, compasión, perdón, y, sobre todo, amor.

    En esta porción de las Sagradas Escrituras, el profeta Zacarías comparte una profecía recibida, en la que anuncia que se le pida a Dios lluvia en la estación tardía, y Él hará relámpagos, y dará lluvia abundante, con hierba verde en el campo que cada uno de ellos. Hay aquí un recurso literario, mediante el cual se está empleando referencias que cualquier agricultor conocería, para referenciar las bendiciones que se derramarían sobre el pueblo. Pedirle la lluvia tiene la implicación de algo que es de la potestad de Dios dar, y que dará si se le pide. La lluvia tardía, que correspondía al período primaveral, o de febrero a marzo, maduraba el grano, del mismo modo que la lluvia temprana en octubre ayudaba a hacer fructificar la semilla. Esta era una manera de referir a todas las bendiciones y beneficios espirituales. Aunque Dios haya empezado a bendecirnos en nuestra conversión, no debemos dejar de orar, pidiendo una lluvia tardía de santificación madura. Debemos mantenernos no solo por agradecimiento, sino porque Él quiere tener comunión con nosotros, le agrada escucharnos.

    Creemos también que en Pentecostés hubo una lluvia temprana sobre la iglesia primitiva, y ha continuado sobre los que creen en Él llegando hasta la actualidad. Pero esperamos una tardía, aquella que traerá lluvia abundante, derramamiento de grandes bendiciones, no solo cuando la iglesia se entrega a la oración y Dios responde con gran poder, sino también con un derramamiento extraordinario antes del tiempo del fin. No descuidemos nunca la oración buscando un avivamiento, para que los que se pierden puedan ser alcanzados para Cristo.

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