Ha nacido el Salvador

    “Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”

    Lucas 2:10-11 RVR1960

    La navidad es una celebración que se realiza a escala global en la que participan casi todos los países. En varios de ellos este es un día feriado, lo cual hace que se espere con ansias. Es un tiempo de intercambiar regalos, pasar el día en casa, hacer una cena que aúne a familiares y amigos. Hay deseos de prosperidad, salud, y todo tipo de buenas intenciones entre los participantes.

    Básicamente en la navidad se hace todo menos recordar el motivo de dicha festividad, que se realiza en una fecha simbólica: el nacimiento del Hijo de Dios.

    No creo que a nadie le agrade que se celebre su cumpleaños sin ser invitado a la fiesta. Que todo el mundo se haga regalos y ni siquiera se mencione el nombre del homenajeado. Sin embargo, esto es lo que sucede en cada navidad en una significativa cantidad de hogares. Hay una festividad sin la persona más importante presente.

    En el versículo de hoy, Lucas registra un hecho acontecido: ante un grupo de pastores apareció un ángel e hizo un anuncio, seguido de una multitud de huestes celestiales alabando a Dios.

    Ante el asombro de ver este resplandor en medio de la más profunda noche, hay palabras para calmar el temor, y a continuación dice que trae noticias que traerán mucha alegría para todo el pueblo: que ese día había nacido en la ciudad de David un Salvador, Cristo, el Señor. Esto fue dicho a un grupo de pastores en medio de la nada. Pero fue una noticia de gran importancia que cambiaría el destino de la humanidad permanentemente. El Hijo de Dios se había despojado de Su divinidad y se había hecho hombre. Se extendía una nueva oportunidad de reconciliación entre Dios y el hombre. Acababa de nacer quien sería salvación para todas las naciones.

    Este anuncio es importante aún en el día de hoy: Dios te está extendiendo la mano, está dándote otra oportunidad. Independientemente de lo bueno que es mantener la familia unida, la posibilidad de ser salvos es de vital importancia. Deja que Cristo sea el centro de la celebración, déjale ser el centro de tu vida y de tu familia. Así se obtiene paz, provisión divina y vida eterna.

    Dios quiere entrar a tu vida hoy, sin importar si eres cristiano o no. Quiere tener comunión contigo. Quiere escuchar tu voz. ¿Lo dejarás?

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