“Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles.”
Hechos 18:9 RVR1960
Puede decirse que la función principal que tiene un cristiano es predicar acerca de Cristo y el Evangelio de Salvación. Cuando hacemos esto, llevamos Palabra de Dios a las personas que viven en tinieblas, y que van hacia una eternidad de condenación. Mantenerse impasibles ante esto, es como dejar que una persona vaya camino una trampa que resultará en su muerte, y nos mantengamos callados teniendo la posibilidad de alertarlos y salvarles la vida. Y a veces es por temor, por pena, por el qué dirán, y nos callamos. Pero nuestra inactividad está permitiendo que compañeros, conocidos, amistades y hasta familiares estén en riesgo de perder la salvación. Y creemos que hay tiempo, pero nadie verdaderamente conoce cuando tendrá que presentarse ante el Creador, ni el tiempo que les queda a los que nos rodean.
Al inicio de la llegada del apóstol Pablo a Corinto, comenzó a trabajar junto a Aquila haciendo tiendas, pero los días de reposo hablaba a judíos y a griegos, predicando la Palabra y testificando de Cristo, lo cual le ganó oposición y blasfemia de ellos. Sin embargo, al hablarle a los gentiles tuvo mejor acogida, y muchos se convertían. Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles. Dios se revela al apóstol y afirma su apoyo. Independientemente de la oposición, Él estaría a su lado. Le dice que no temiese, que hablara y no callara, y esto fue un rasgo distintivo de la vida misionera de Pablo. De este tiempo en Corinto, y la prédica sistemática por un año y seis meses, nació la iglesia de Corinto. Muchas vidas fueron cambiadas, y ellos luego hablaron a otras personas, y así sucesivamente, alcanzando otros en su círculo de acción.
Cuando predicamos a otros, Dios no nos dejará en vergüenza ni nos abandonará. Él estará con nosotros, así que no tengamos temor alguno. Hablemos y no permitamos que el enemigo o los hombres nos callen. Nuestra inactividad solo hará que más personas vayan a una eternidad de condenación, y quizás nuestra familia está contada entre ellos. No lo permitamos. ¡El Señor te bendiga!
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