“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”
Santiago 1:22 RVR1960
Los cambios en nuestra vida son complejos, y nos cuesta mucho modificar la manera en que estamos acostumbrados a hacer las cosas. Cuando somos confrontados con algo que es distinto a lo que hacemos normalmente, aunque nos convenzan y lleguemos a entender que es bueno para nosotros, es difícil mantenerlo durante mucho tiempo. Sea ir a un gimnasio, comenzar a correr, hacer cardio, iniciar una dieta, aprender un idioma, dejar un vicio, varios ejemplos pueden implicar una variación en nuestro estilo de vida.
En otras situaciones puede muy bien ser una causa: lucha contra el hambre en países pobres, protección ecológica, voluntariado en grupos humanitarios, amparo a animales abandonados o en peligro de extinción. Pueden nuestras emociones o nuestra consciencia ser impactada por algo que requiere de nuestro actuar, pero a veces nos limitamos a hacer un reconocimiento pasivo de la gravedad o importancia de la situación, sin tomar partido en ella.
De algo similar nos habla Santiago en este versículo de su epístola. A veces los cristianos somos tocados en lo más profundo por un sermón, la meditación en las Sagradas Escrituras o leyendo un estudio; entendemos que algo debemos corregir en nuestra vida y no lo hacemos. Cuando vemos que es lo que se espera de nosotros, en ocasiones estamos de acuerdo, comprendemos que debería ser así y no actuamos.
La idea de “sed hacedores” tiene una implicación sistemática y continua, como si fuera nuestro empleo. Si bien es importante oír, no es lo único: también debemos actuar en consecuencia, rectificar lo que está mal, para de esta manera acercarnos más a lo que quiere Dios que seamos. Y si creemos que no podemos, el Espíritu Santo está dispuesto a apoyarnos en todo cuanto sea necesario, para operar la transformación requerida.
¿Eres oidor o hacedor de la Palabra? ¿Te atreves a cambiar?
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