Haciendo el bien

    “aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda”

     Isaías 1:17 RVR1960

    La capacidad de hacer el bien está en todas las personas. Aunque es difícil en la actualidad practicarlo, todo ser humano ha experimentado alguna vez esa voz que nos mueve a hacer algo en favor de otros, y esto está relacionado con sentimientos como la compasión y la piedad. Hasta en cuentos infantiles se habla de obrar en favor de otros menos favorecidos y la recompensa que obtienen al final quienes lo hacen.

    Tristemente, la sociedad actual ha acallado esas intenciones, cambiándolas por egoísmo, frialdad e insensibilidad por el dolor ajeno. Mientras las malas acciones proliferan a nuestro alrededor, se aparta la vista de ellas. Sobornos, mentiras y conveniencias están a la orden del día, mientras las personas pobres o sin poder son cada vez más apartadas y no se tienen en cuenta.

    En versículos antes de este pasaje de Isaías, Dios está exponiendo las cosas que le disgustaban del pueblo de Israel, alegando que existía falsedad, hipocresía, religiosidad, mientras el corazón de todos estaba apartado de Él. ¿Y acaso esto no lo vivimos en nuestros días también? Pero hay un grupo de instrucciones que se están dando: aprender a hacer el bien, ser justos, restituir al que ha sido afectado, hacer justicia a los huérfanos y amparar a las viudas. Desde siempre se ve en la Biblia la predisposición a ayudar a las viudas y huérfanos. Estas personas que han perdido a seres queridos y han sido afectados social y económicamente por esto tienen un cuidado especial de parte del Todopoderoso, mientras que la justicia y hacer el bien son muestra de la presencia de Dios en la vida de los que lo practican, y una de las formas divinas de obrar.

    Comenzar a escuchar la voz del Espíritu Santo y actuar en consecuencia es algo que debemos hacer con frecuencia para que se convierta en un hábito. La obediencia a Dios es difícil al inicio, porque no estamos acostumbrados a esto, y aunque es una experiencia gratificante, requiere que neguemos nuestros propios deseos. Y hacerlo trae como beneficio Su amistad. Será evidente la preocupación y bondad hacia otros, exteriorizando un cambio en nuestras vidas; estaremos dando testimonio del amor divino, a la vez que nos convertimos en canales de bendición para otros.

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