Hambre por la Palabra

    “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.”

    Amós 8:11 RVR1960

    Desde que los 66 libros que con que conforman lo que es hoy es conocido como la Biblia se unieran, Dios ha tenido especial cuidado en hacer que sea accesible a la humanidad. Sus traducciones han sido numerosas, a 438 lenguas de forma completa, y a 2454 de forma parcial, haciéndolo el libro más traducido de la historia, y volviéndose trascendental para el desarrollo de los idiomas y las culturas del lugar. Algunos países tienen diversas traducciones y revisiones para hacerlo lo más cercano posible al texto original, y ha sido el libro más impreso del mundo. A través de manos de creyentes dispuestos a hacer la voluntad del Todopoderoso, el plan divino de llevar la salvación a toda la humanidad es un hecho cada vez más innegable. Sin embargo, las personas se rehúsan a aceptar las Sagradas Escrituras, se burlan, ridiculizan su contenido y han llegado a romperlas o quemarlas.

    Y Él ha sido paciente. Pero vemos lo que sucedió en tiempos de Amós, en los que la apatía del pueblo judío hizo que Dios dijera que quitaría la oportunidad de que escucharan Su Palabra, haciéndoles ir de un lado a otro buscando dirección y justicia y sin encontrarla, siendo esta hambre por las Sagradas Escrituras una de las manifestaciones de juicio más duras que podrían tener, puesto que todo el pueblo estaría en dificultades y nadie les socorrería. Pero vienen tiempos similares a los que el Creador dijo al profeta Amós, en los que habrá necesidad de la Palabra de Dios, tiempos de tribulación en que los incrédulos buscarán fervientemente que alguien les hable del Todopoderoso, querrán conocer Sus promesas y del plan de salvación, pero será tarde. Y habrá angustia, y desesperación, y miedo, y se clamará a Él, los padres por sus hijos, esposos por esposas, habrá preocupación por los familiares, pero no habrá quien les responda.

    Todavía estamos a tiempo. Dios tiene extendidas Sus manos a todo el que esté dispuesto a reconciliarse con Él. Hay promesas de salvación y vida eterna, de perdón y redención. Aún podemos acercarnos confiadamente y poder ser llamados hijos suyos. Aún podemos interceder por nuestra familia, por los que se pierden. Aún tenemos el regalo de Su Palabra con nosotros. Aprovechémosla.

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