Instruyendo a los niños

    “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”

    Proverbios 22:6 RVR1960

    Sobre los niños está soportado el futuro de la sociedad. Su educación es uno de los aspectos más importantes para garantizar la continuidad de la humanidad, son los trabajadores, directivos y líderes del mañana. Y aunque es vital una adecuada preparación académica, el aspecto moral y la formación de valores se vuelve crucial para las nuevas generaciones.

    Durante la niñez, los maestros y profesores cumplen un papel protagónico, pero el rol principal es llevado a cabo por la familia. De la familia se adquieren modos de conducta y valores éticos y morales. Los principios que regirán la vida adulta de esos infantes se establecen en el seno familiar, los cuales posteriormente son fortalecidos en la escuela y mediante la interacción social.

    El rey Salomón, célebre por su sabiduría, nos comparte en este versículo de Proverbios que el niño debe ser instruido en cómo se quiere que sea como persona, y afirma que cuando sea viejo mantendrá ese comportamiento. Y esto es importante tenerlo en cuenta. Habla de encaminar al niño desde temprana edad, puesto que la disciplina desde pequeño asegura la continuación habitual en ella. Los hijos son el orgullo de los padres, pero si son maleducados, constituyen vergüenza. Y en la actualidad hay tendencia de creer que es responsabilidad de los centros educativos encargarse de la formación de los infantes, olvidando que somos los padres los que tenemos esa tarea.

    Por otro lado, la sociedad va a enseñar valores relativos, mientras que como cristianos, tenemos la obligación de instruir a los niños conforme a las enseñanzas bíblicas, enseñándoles principios de comportamiento basados en el amor, verdad, misericordia, compromiso, sinceridad, respeto, obediencia, disciplina, temor a Dios, santidad, entre otros tantos. Debemos recordar que los hijos son un regalo divino, y debemos responder por ellos delante de Dios. Y es nuestro modo de conducta una de las cosas que más van a seguir los pequeños, porque, aunque le digamos que no pueden hacer esto o lo otro, si nos ven haciéndolo, van a imitarnos. Por eso, nuestro testimonio cristiano, antes que a las personas de la calle, debe impactar a los de casa.

    No es internet, ni un tablet, ni en la escuela, ni la sociedad quien debe instruir a nuestros hijos. Somos nosotros. Pida sabiduría y guía a Dios y así haremos de nuestra descendencia hombres y mujeres de bien.

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