“entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada”
2 Pedro 1:20 RVR1960
Una profecía (gr. προφητεία, lat. prophēteia) es un don sobrenatural que consiste en conocer por inspiración divina cosas distantes o futuras. Dentro de esta definición hay aspectos interesantes, en primer lugar, que es un don sobrenatural, no producto al conocimiento intelectual o desarrollo personal y, en segundo lugar, que es producto a la inspiración divina. Dios está revelando algo que acontecerá en el futuro inmediato o distante y lo da a conocer a Su pueblo mediante un profeta o persona que tiene el don de profecía. La Biblia es un libro lleno de profecías, que han sido cumplidas hasta en el más pequeño detalle, y algunas que serán cumplidas en el final de los tiempos. Tristemente, algunos líderes hacen interpretaciones personales y libres de ellas, llevando a los que le siguen por caminos errados, alejados del propósito de Dios.
El apóstol Pedro habla de esto en su segunda epístola, cuando refiere: entendiendo primero esto, que ninguna profecía es de interpretación privada. Lo primero a lo que llama a tener en cuenta es que no es inspirada por un escritor individual y su procedencia no es el intelecto humano. Su inspiración es divina, y aún la persona que la escribe no es capaz de interpretarla plenamente por sí mismo, ya que no es de su propio descubrimiento o procedencia. En versículo 16 contrasta la interpretación personal con estar movidos por el Espíritu Santo, resultando la primera en fabulas artificiosas contra ser testigos oculares de Su majestad. Las profecías registradas en las Sagradas Escrituras, son inspiradas por el Espíritu Santo, y Él es necesario para darles una correcta interpretación. No es mediante nuestro conocimiento, erudición, habilidades analíticas o tiempo en la iglesia que lograremos darle el correcto significado.
Muchos cristianos leen la Biblia con menos reverencia que la que tendrían con un cuento infantil. Dan menos importancia a su correcta interpretación que al que le darían a un libro de aventuras. Sin embargo, en sus manos tienen la Palabra de Dios, la revelación divina, promesas de salvación y vida eterna. Para ser capaces de entender adecuadamente sus versículos y comprender la voluntad de Dios, no podemos confiar en nuestros conocimientos intelectuales, debemos auxiliarnos con el Espíritu Santo. Solo así podremos verdaderamente avizorar el propósito con que fue escrita.
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