“Jehová es mi pastor; nada me faltará.”
Salmos 23:1 RVR1960
La relación que se establece entre un pastor y sus ovejas es muy interesante. Temprano en la mañana se sacan a estos nobles animales a pacer, y ellos, obedientemente, son guiados hacia los lugares donde hay mejor pasto y están alejados de peligro. El rebaño es capaz de identificar la voz de esa persona, y siguen sus comandos y órdenes. Aunque realmente no entiendan que significan las palabras, reaccionan a ellas como si lo hicieran.
Esta relación es usada como alegoría varias veces en las Sagradas Escrituras, en la que los miembros de la iglesia o los seguidores del Altísimo somos ovejas y Dios nuestro pastor. En este conocido salmo, se declara: Jehová es mi pastor; nada me faltará. El salmista sabe por experiencia que cuando asumimos al Todopoderoso como nuestro Señor, y, del mismo modo en que lo hacen las ovejas, respondemos a Su voz, obedecemos Sus órdenes, recibimos la corrección cuando nos salimos de rumbo, y dejamos que nos guíe en nuestro camino, nada nos faltará. Su provisión estará con nosotros, y seremos llevados a donde realmente debemos ir, y los peligros no nos acecharan constantemente, y, aunque los hubiera, tendríamos un defensor oportuno.
Los seres humanos, a veces, nos comportamos con menos inteligencia que los animales. Si fuésemos capaces de imitar el comportamiento de las ovejas hacia el pastor en nuestra relación con Dios, tendríamos menos dificultades y tropiezos en la vida. Pero no es tarde. Reconozcamos y obedezcamos al Altísimo y nos daremos cuenta que nuestra suerte y esperanza está en nuestro Padre Celestial.
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