“obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.”
1 Pedro 1:9 RVR1960
El enfoque acerca de las religiones ha cambiado a lo largo de la historia. Pasó de ser la razón de ser de los pueblos, a un método de control del feudalismo basado en el uso de las Sagradas Escrituras en latín cuando ni siquiera el mismo oficiante sabía que significaba o como traducirlo, a un estatus social o de alcurnia en la actualidad. Muchas personas que se congregan tratan el cristianismo como un club social. Se enorgullecen de decir que son creyentes, pero solo por el hecho de portar el título, no por haber tenido un encuentro genuino con Cristo, ni por tener una transformación espiritual.
Dentro de los que asisten a los templos, los hay quienes lo hacen por las alabanzas. Otros por sentirse parte de un grupo, algunos por buscar pareja. Hay quienes buscan solo sanidad; otros, paz. Pero se olvida, aunque se repite una y otra vez, el objetivo final de por qué estamos en la iglesia. El apóstol Pedro comenta: obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. Y es que más allá de los beneficios y ventajas que podamos tener a corto plazo, de lo que vemos diariamente, nuestra finalidad es ser salvos y evitar que nuestras almas vayan a una eternidad de condenación.
Somos cristianos porque somos seguidores de Cristo, y más que buscar comodidades y bienestar terrenal, debemos procurar nuestra salvación. Cuando perdemos de vista nuestro objetivo, somos propensos a pecar o a apartarnos. Pero si tenemos claridad, nos prepararemos para ello y trataremos de traer a otros para que también sean salvos. ¡El Señor te bendiga!
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