“Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies”
Nahum 1:3 RVR1960
Vivimos en un mundo en el que las personas practican el mal sin temor a las consecuencias. Somos conscientes de que no obramos bien, pero se hacen las cosas esperando impunidad o que no salga a la luz. Desde pequeñas cosas, como una mala contesta o un maltrato, hasta afectar a miles de personas con robos y estafas. No es frecuente que se haga bien a otras personas, más bien la individualidad da lugar a que se haga daño o atropellen los derechos de otros con el ánimo de beneficiarse uno mismo.
Mientras, las personas sufren actos injustos, y sin poder realizar una reclamación legal que les respalde, pues o bien el acto no está contemplado dentro de los marcos procesales, o el dinero puede inclinar la balanza en sentido opuesto al de la justicia. Las viudas, huérfanos, ancianos y pobres son frecuentemente los más afectados. Pero el Todopoderoso es un Dios de justicia. Vemos en el libro de Nahum que se declara que Jehová es tardo para la ira y grande en poder, que no declarará inocente al culpable y que su poder es tan grande que puede desencadenar fenómenos naturales de gran magnitud. Se aclara que su longanimidad no es por falta de poder, más bien por misericordia para no destruirlo todo, para dar lugar al arrepentimiento, pero indudablemente, como Juez divino e imparcial, traerá justicia sobre todos, y esta vez no habrá posibilidad de sobornos o favoritismos.
Examinémonos hoy. Analicemos nuestro comportamiento y corrijamos lo que sabemos que no está bien. Dejemos de ser injustos y de hacer el mal a otros, para no mover a Dios a ira en nuestra contra y que recibamos justo castigo por nuestras acciones. El Todopoderoso traerá justicia sobre todo aquel que tenga sed de ella y no dejará maldad impune.
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