“La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”
Juan 1:5 RVR1960
La noción de tiniebla menciona la ausencia de luz, y este estado causa bastante desagrado en las personas, en algunas hasta miedo. Encontrarse en la oscuridad reduce el alcance de nuestra visión, y la posible detección de peligros y nuestra reacción a ellos. Perder uno de nuestros sentidos así, hace que nuestros más remotos miedos surjan, y la imaginación comience a ver amenazas donde no las hay. Pero esta es también la cobertura perfecta para que las personas hagan lo que no pueden hacer a la vista de todos, la hora en la que impera el mal.
Las tinieblas también representan a los demonios y las huestes de maldad, todo aquello que atenta contra la humanidad, nos ponen tropiezos y tratan de arrastrarnos a la condenación, de mantenernos con los ojos tapados para que no veamos más allá, y permanezcamos atados en cadenas de pecado. Estas mismas tinieblas trataron de cubrir y sepultar al Hijo de Dios. Y cuando ya parecía que habían ganado, algo sucedió. Una resurrección milagrosa deshizo las tinieblas a su alrededor, y dio un rayo de esperanza a la humanidad. Como dice Juan: la luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Ni el pecado, ni la tentación, ni las dificultades, ni la muerte siquiera puedo apagar esa luz, sino que hizo que brillara aún mas fuerte, dándonos la posibilidad a los que creemos en Él a llevar también una porción de esa luz a este mundo en tinieblas.
Como hijos de Dios no debemos tener miedo. Cristo es nuestra fortaleza y nuestra luz, y no hay tinieblas que puedan apagar esa llama viva, y las obras del mal se deshacen delante de Su presencia. Ten confianza y fe, y verás esto aplicado a tu vida. ¡El Señor te bendiga!
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