La presencia de Dios

    “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?”

    Salmos 139:7 RVR1960

    Los seres humanos somos conocedores del bien y del mal. Todos, de una forma u otra, sabemos qué podemos hacer y qué no. La enseñanza desde la familia, la escuela y la sociedad influyen sobre cada uno de nosotros, e inculcan que es lo correcto. Cuando vamos creciendo, y podemos elegir como comportarnos, más si somos mayores de edad, hacemos algo que tenemos certeza que está mal, y lo justificamos. La noche o los momentos en que nadie nos ve, son los escogidos para estos actos, porque precisamente que no haya testigos de lo que está sucediendo es un aspecto clave.

    Ante la sociedad se muestra un rostro que no necesariamente es el real. Los modos de actuación ante los otros no siempre son los que mejor describen a las personas. Y en un mundo donde la hipocresía y aparentar algo que uno no es conforma el modo de conducta de la mayoría, asegurarse que nadie conozca el verdadero yo es clave, y que nuestras malas acciones permanezcan ocultas. En las congregaciones también encontramos que creen que seguir a Cristo es un club social, y lo hacen sin haber experimentado realmente una transformación y sin haber tenido realmente un encuentro con Jesús. Terminando el servicio litúrgico, regresan a sus casas, y viven exactamente como antes de nombrarse cristianos. Pero hay Alguien que sí les está viendo, y conoce sus obras.

    En este versículo, el salmista pregunta algo interesante: ¿a dónde me iré de tu Espíritu o escaparé de tu presencia? Hay un reconocimiento de la omnipresencia de Dios, y una coincidencia en muchos pasajes bíblicos en los cuáles, sea cual sea nuestra localización, la presencia del Todopoderoso nos alcanza. Creer que podemos ocultar nuestros pensamientos, aparentar ser lo que no somos, creer que cuando apagamos las luces nadie nos ve, es sencillamente desconocimiento de las características de nuestro Padre Celestial.

    El autor de este salmo no quería esconderse de Dios, pero otros sí. Es necesario recordar que sea cual sea nuestra situación o donde estemos, Él nos ve y escucha. Podemos rogar Su misericordia en la cárcel más profunda, o en la cumbre más alta. Pero también que de todos nuestros actos y pensamientos daremos cuenta el día del Juicio. Seamos veraces y transparentes en nuestras obras e intenciones, para que sea para nosotros una bendición tener acceso al Señor en cualquier locación.

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