Las leyes que propondrás

    “Estas son las leyes que les propondrás.”

    Éxodo 21:1 RVR1960

    El cristianismo es frecuentemente criticado por los mandamientos y aspectos que debe cumplir un creyente para ser parte de esta religión. Estas prohibiciones o limitaciones son mal vistas porque, a ojos de un inconverso, afectan su libertad y diversión. Sin embargo, hay algo que siempre se olvida, y es que ésta no es una religión basada en filosofías y escuelas del pensamiento humanas. Responde a un Dios santo que no tolera el pecado, y al cuál uno voluntariamente elige obedecer para restaurar la comunión perdida, dejar de practicar el mal, tener una transformación espiritual y vida eterna.

    Cuando Dios daba los mandamientos y leyes a Moisés para el pueblo de Israel, le dice: Estas son las leyes que les propondrás. Es importante ver la palabra propondrás. Ante un ser todopoderoso como es Dios, imponer las leyes habría sido fácil. Sin embargo, uno tenía la libertad de aceptar estas leyes o no, pero para pertenecer a esa nación, se debía cumplir con ellas. En este momento daba inicio al período de teocracia de Israel, en el cuál era el Altísimo quien los gobernaba. A diferencia de las leyes que existían en otras naciones, estas están enfocadas en aspectos éticos, morales y que abarcan marcos legales, sociales, ceremoniales y toda área de la vida, bajo valores de justicia, equidad y santidad. Para ser capaces de disfrutar los beneficios que vendrían, debía cumplirse con ellas. Pero el cumplirlas, les garantizaba estar libres de enfermedades, de problemas interpersonales y crímenes.

    La trascendencia de estas leyes dadas por Dios ha sido tal, que los sistemas de justicia y la carta magna de los países en la actualidad, tienen componentes cuyo origen se remonta al libro de Éxodo. Y aunque algunas leyes y mandamientos no tienen aplicación en la sociedad actual, el resto sigue siendo vigente. Evitar la promiscuidad, la codicia, el robo, el asesinato nos evitarán problemas legales, mantendrá nuestra salud y prolongará nuestra vida. Pero más aún, nos permitirá alejarnos de hacer el mal y, si aceptamos a Cristo como Señor y salvador, apropiarnos de los beneficios que Dios tiene para nosotros por toda la eternidad. En la actualidad, Dios aún nos propone lo que debemos cumplir. Queda de nuestra parte hacerlo o no.

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