Las malas conversaciones

    “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.”

    1 Corintios 15:33 RVR1960

    Las personas somos influenciables por nuestras circunstancias, el medio en el que vivimos y la sociedad. Muchas cosas ejercen influencia sobre nosotros, incluyendo líderes, medios de comunicaciones con mensajes subliminares, la familia, las parejas y las amistades. Muchas de estas cosas no pueden ser rechazadas directamente por nosotros, pero si podemos evitar ceder a una presión que pueden ejercer las personas de nuestro círculo social. Ser cuidadosos y capaces de escoger amistades, pareja y gente de la que nos rodeamos es importante para mantenernos en los caminos de Dios.

    Muchos cristianos han cedido a consejos de amistades inconversas, y terminado pecando. A veces con asuntos leves y aparentemente sin mayor relevancia, otros llevándolos hasta a tener situaciones con la ley, pero todas que afectan directamente sus vidas espirituales. El apóstol Pablo escribe a los corintios: no se equivoquen; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Él previene acerca de la influencia que se estaba ejerciendo sobre los miembros de la iglesia de Corinto por parte de algunos que atacaban las enseñanzas del apóstol, llegando a establecer dudas respecto a varios temas, entre ellos, la resurrección. Y en la actualidad es algo que vemos, en los temas de conversación que tenemos con las personas con las que interactuamos, si no somos cuidadosos, damos entrada a que nos hablen de cosas que ni siquiera hemos pensado en hacer, todas con tendencia a apartarnos de lo que sabemos es la manera correcta de comportarnos. Idolatrías, apostasías, fornicación, adulterio, incitación al robo, embriaguez, muchas cosas pueden ser inducidas con solo plantar una idea en nuestros pensamientos.

    De las personas con que nos rodeemos, de los temas que hablemos puede depender no ceder ante el pecado. No sabemos que artimañas planea el enemigo para que caigamos, pero lo primero que tenemos que cuidar es nuestra mente y nuestros pensamientos. Relacionémonos más con hermanos en la fe y hablemos temas nos edifiquen como cristianos, de este modo, no corromperemos las buenas costumbres aprendidas en la Palabra de Dios.

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