“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.”
Efesios 5:22 RVR1960
Nada funciona correctamente si tiene dos decisores con el mismo nivel de autoridad. Dos capitanes no pueden dirigir el mismo barco, ni una empresa puede tener dos directores. Del mismo modo, cuando Dios creó la institución del matrimonio, la estableció con un cabeza de familia, y su compañera para que fuera de ayuda idónea. En la sociedad actual, con los nuevos roles que se pretenden establecer, las esposas han asumido los roles que corresponden al esposo, y esto ha devenido en conflictos graves en la familia, a veces conduciendo a su separación.
En la carta de Pablo a los efesios, vemos que establece: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Todo parece indicar que esta era una situación que sucedía en aquella época también. No solo podría una esposa estar en pugna por tomar las decisiones en casa, sino que podría ser más dada a escuchar a otros que a su propio esposo. No hay nada peor en un hogar que las discusiones y peleas frecuentes, por lo que el modelo establecido por Dios implica al hombre como cabeza de familia con la guía del Espíritu Santo, y la mujer sujeta al esposo. El estar en sujeción al esposo, no es por imposición ni miedo, sino por amor, del mismo modo en que sucede la relación de Cristo con la iglesia, que establece como arquetipo y fundamento dos relaciones terrenales más: la del esposo con la esposa, y los padres con los hijos.
Del mismo modo en que un cristiano somete su voluntad a Cristo por amor, las esposas deben sujetarse al esposo. Esto no quiere decir que la mujer no puede sugerir ideas al esposo a la hora de decidir el rumbo que toma la familia, ni que el esposo puede convertirse en un tirano, pues debe tratar a la esposa como vaso frágil por amor, y agradecer a Dios por haberle dado ayuda idónea. Pero sí que las esposas deben escuchar y obedecer por amor lo que se ha decidido por el esposo, el cual tendrá que responder ante el Padre Celestial de su guía familiar, para encausar adecuadamente la familia, y son ellas quienes pueden hacer que el matrimonio triunfe contra los ataques que recibe, convirtiéndose en ejemplo de familia cristiana.
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