Las promesas de Dios

    “y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador”

    Éxodo 15:26 RVR1960

    A las personas nos encanta que nos listen los beneficios y privilegios que tenemos en nuestros trabajos, asociaciones o membresías, pero ya la parte de los deberes y obligaciones no nos agradan tanto. Queremos obtener cuantas bondades sean posibles sin tener que involucrarnos o hacer algo para que nos las den. En el ámbito cristiano, nos gustan mucho las promesas de Dios. Tantas cosas han sido prometidas, y queremos que tengan cumplimiento en nuestras vidas, apropiarnos de ellas, pero casi nunca leemos las condiciones que son puestas para que podamos verdaderamente adueñarnos de ellas.

    Moisés acababa de cumplir indicaciones del Todopoderoso, que había sacado al pueblo de Israel de la cautividad en Egipto, y echó un árbol a las aguas de Mara para que pudieran beberlas. Allí fueron dados estatutos y ordenanzas a los israelitas, y se les dijo: si oyen atentamente la voz de Jehová tu Dios, y haces lo recto delante de sus ojos, y oyes sus mandamientos y guardas sus estatutos, ninguna enfermedad de las enviadas contra el pueblo egipcio te dañará a ti, porque yo soy Jehová tu sanador. Les fue dada la promesa de que no serían dañados por ninguna enfermedad de las que ya habían presenciado y agrega que Él es su sanador. Pero antes se les dio condiciones a cumplir, todas indicando obediencia y buenas acciones delante de Dios. Como sabemos por el registro bíblico, el pueblo judío no era precisamente obediente, y se rebeló en varias oportunidades, trayendo castigo sobre ellos. Con todo, nosotros en la actualidad no somos diferentes. Queremos que las promesas sean cumplidas en nuestras vidas, pero no queremos obedecer. Nos gustan los versículos con lo que nuestro Padre Celestial ofrece, pero olvidamos las condiciones.

    Dios sigue siendo el mismo, y Sus promesas están a disposición del que quiera apropiarse de ellas. Pero esto requiere obediencia, compromiso, y alejarse del pecado. Protección, bendiciones, poder de lo alto, salvación y vida eterna, todo esto y mucho más puede ser hallado solo con escuchar y obedecer a aquel que está dispuesto a darnos tanto.

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