“No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”
Efesios 5:18 RVR1960
El consumo de alcohol es una de las prácticas más frecuentes y de mayor antigüedad en la humanidad. Es común su uso en situaciones sociales, celebraciones entre familiares y amigos, eventos laborales, formas individuales de liberar estrés y como método de ahogar las penas. Bajo los efectos del alcohol, existe una incidencia sobre las funciones cerebrales, en primer lugar, las emociones, procesos del pensamiento y el juicio, teniendo también repercusiones en el sistema nervioso, aparato digestivo corazón y sistema circulatorio, entre otros. Ingerir bebidas alcohólicas genera más problemas que beneficios, pero aún así, se insiste en ello. Hacerlo con sistematicidad puede ocasionar alcoholismo, una enfermedad crónica caracterizada por la ingesta descontrolada de este tipo de bebidas y que puede conducir a la muerte.
En el tiempo en que fue escrita esta carta era frecuente el uso del vino en eventos sociales, para acompañar las comidas, en cultos paganos y excepto por este último elemento, los cristianos participaban en su consumo, algunos con especial dedicación. Es por eso que Pablo hace un llamado de advertencia acerca del uso excesivo del vino. Dice a los creyentes que no se embriagaran con vino, en el cuál perderían sus facultades mentales y de pensamiento, y en su lugar lo reemplaza con la llenura del Espíritu Santo. Advierte sobre uno que afectaría la lucidez y claridad de raciocinio, y aconseja otro que nos llevaría a ser más conscientes y quita las vendas de los ojos. Reconviene uno que afecta nuestra reputación e imagen personal, y promueve el que nos ayudará a tener un testimonio ante los demás. Mientras uno degrada e incapacita, la presencia de Dios nos hace eficaces al servicio, santificación y vida cristiana plena.
Se hace manifiesto en diversas culturas, principalmente la europea, el uso frecuente del vino para acompañar comidas y tipos de carne. Hay menciones en la Biblia de su uso en sustitución de agua contaminada, pero es notorio que lo que se aconsejaba en esa época era no abusar de su consumo, evitar la embriaguez. Aún en aquellos tiempos, habían cristianos que se abstenían de ingerir cualquier tipo de bebida alcohólica en su proceso de abandono de costumbres mundanas. En la actualidad el cristiano también debe cuidar su testimonio. Ante un mundo que abre sus ojos para buscar errores, y levanta un dedo acusador para señalarnos, es preferible, por amor a nuestros hermanos y a Cristo, abstenernos de su consumo, y como nos dice Pablo, preferir ser llenos del Espíritu Santo.
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