“Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra.”
Salmos 97:10 RVR1960
Cuando una persona decide seguir a Dios, no solamente recibe beneficios, sino que también asume responsabilidades. Una de ellas es obedecerlo y apartarse de lo que le desagrada. Del mismo modo en que haríamos con un amigo, para así seguir cultivando su amistad, o respetamos las leyes de un país para poder permanecer en el, debemos seguir las pautas trazadas por el Altísimo para poder tener comunión con Él y poder alcanzar el Reino.
El salmista nos insta, y a continuación nos recuerda sus favores cuando dice: Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; Él guarda las almas de sus santos; de mano de los impíos los libra. Si verdaderamente entendemos quién es nuestro Padre Celestial, sabemos todo lo que arriesgó por nosotros, cuanto nos ha perdonado, y le amamos por lo que ha hecho en nuestro beneficio, entonces debemos apartarnos del mal, rechazar y detestar su práctica. El pecado debe ser abominable para nosotros, debemos alejarnos como de algo que nos cause repulsión. De este modo estamos haciendo una de las cosas que nos hacen estar a cuentas con Dios, y evitará que nos aleje de Su presencia. Al hacerlo, el Altísimo estará guardando nuestras almas y librándonos de las manos de nuestros enemigos y los que nos persiguen.
Diariamente tenemos persecución, ataques y asechanzas del enemigo. De todo esto nos libra Dios, y aunque a veces parece que hemos sido golpeados, el Todopoderoso nos da la salida en el momento oportuno. Si pecamos, abandonamos esta protección y nos entregamos en manos del que nos está atacando, quedándonos sin protección alguna. Seamos prudentes, alejémonos del mal y llevemos con orgullo y sin mancha el nombre de hijos de Dios.
#LosQueAmanADios, #DiosGuardaAQuienesLoAman, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias