Me propuse no saber cosa alguna

    “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”

    1 Corintios 2:2 RVR1960

    A medida en que se ha ido desarrollando, el ser humano fue capaz de ir estudiando y creando ciencias que abarcan todo cuanto nos rodea. Diversas ramas del saber dan explicación a los fenómenos que sucedían, y se han convertido en la base de otras. Gran impacto tuvo el método científico para estas disciplinas, aunque existe la limitante de que lo que no es posible comprobarse de este modo, no es tomado en cuanta y es tratado como inexistente, entre estos, todo lo referente a Dios y la religión.

    Muchos cristianos han tratado de crear un consenso entre la ciencia y lo espiritual. Intentan dar una explicación que satisfaga a los científicos acerca de lo escrito en la Biblia, mientras que varios científicos tratan de dar una explicación desde su entendimiento de la realidad a los eventos narrados en las Sagradas Escrituras. En el caso de los cristianos, esto les ha llevado a descuidar un poco el estudio y conocimiento de la Palabra de Dios, mientras intentan crear una explicación científica satisfactoria, sin percatarse que el Todopoderoso no está limitado por el conocimiento científico humano actual, ni tiene que utilizar algo que esté acorde con las leyes naturales creadas por Él mismo. Pablo, un experto en la ley y en ciencias en su tiempo, abandonando todo conocimiento humano y lo que conocía de religión, dijo: me propuse no saber entre ustedes de nada más que de Jesucristo y a este crucificado. No es importante el conocimiento que puedas llegar a tener, ni cuantos títulos, postgrados o doctorados tengas, sino entender que, aunque la ciencia no tenga una respuesta, Cristo murió por ti.

    En la actualidad la ciencia no puede decir que sucede después de la muerte, pero en la Biblia encontramos respuesta: los que creen en Cristo como Señor y Salvador y se arrepienten de sus pecados son salvos, los que no, pasarán la eternidad en condenación por sus malas obras. Este es el momento de tomar una decisión de vida, de decidir donde pasarás la eternidad, de arrepentirte de tus pecados. No vale la pena tratar de amoldar la Biblia a la ciencia, sino de entender que Jesús resucitó de entre los muertos, y ha prometido salvación y vida eterna.

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