“así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”
Romanos 12:5 RVR1960
Es frecuente que en los centros de trabajos el personal de servicio y de seguridad sea discriminado por el resto de los trabajadores. Se les ve como inferiores, y ese es el trato que se les da, llegando a veces a ni siquiera contestarles el saludo. Sin embargo, en sus hombros descansa la primera imagen de la empresa, perceptible por su higiene, y la salvaguarda de medios y recursos. Cada empleado, sea cual sea su plaza, forma parte de esa entidad y cumple funciones importantes, del mismo modo que un órgano o miembro en el cuerpo humano.
Esta misma comparación es empleada por Pablo cuando habla de los creyentes acerca de que nadie debía creerse superior a otro, y les dice que del mismo modo que en un cuerpo hay muchos miembros y que no todos tienen la misma función, de esa manera, nosotros, siendo muchos, somo un cuerpo en Cristo, y todos miembros unos de otros. La importancia que reviste que cada quien tenga una función específica se fortalece al que unidos todos, con la vista puesta hacia el Reino de los Cielos, podamos impactar con nuestros dones en el mundo que se pierde y serles testigos al Mesías, pero cada quién en su área de servicio.
Es también vital que, como miembros afines, unos de otros, tengamos comunión, que nuestros dones sean puestos en servicio de nuestros hermanos en la fe, que exista unión, empatía, confraternidad, amor, cuidemos los unos de los otros y seamos capaces de vernos como lo que somos: una gran familia. Llegados a este punto, podremos verdaderamente dar testimonio de la obra de Dios en nosotros, y unánimes, ganar el mundo para Cristo.
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