“Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.”
Salmos 37:25 RVR1960
Estamos viviendo tiempos difíciles en la actualidad, en los que las economías de los países se están viendo afectadas producto a la pandemia que ha golpeado la totalidad de las naciones. Las fuentes de ingreso se han reducido, y muchas personas han resultado desempleadas, impactando directamente en la alimentación y calidad de vida, sin contar el peligro latente de enfermarse. Muchas familias han visto alterado su funcionamiento normal, y han tenido que buscar soluciones para la carencia de alimentos, medicamentos y suministros.
Las familias cristianas no escapan a esta situación. Sin embargo, dice el salmista: Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. En el inicio de esta declaración describe el paso del tiempo, en el cual nunca ha visto personas temerosas de Dios desamparados. El término usado es justos, pero nosotros somos justificados por la sangre de Cristo, lo cual nos hace herederos de esta promesa. La situación puede volverse difícil, pero si nuestra confianza está en Dios, y contamos con Él como nuestro proveedor, siempre llegará oportunamente y nos dará una salida.
Nuestras mayores herramientas son la oración, lectura de la Biblia, procurar la santidad, confiar y obedecer a Dios. Él es nuestro proveedor, nuestro sustentador. Aun si no tenemos medicamentos, es nuestro sanador, nos puede curar definitivamente. Nunca permitirá que Sus hijos estén desamparados. Siempre propiciará un canal de bendición para que entendamos que Él es nuestro pronto auxilio en las dificultades.
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