Oren por nosotros

    “Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros.”

    2 Tesalonicenses 3:1 RVR1960

    En una guerra los primeros objetivos que tratan de eliminarse son los oficiales, pues de este modo el ejército pierde su dirección, se desordena y desmoraliza. En la antigüedad se contrataban asesinos para esta tarea, y hoy en día se emplean francotiradores. El objetivo es claro: eliminar el liderazgo y dispersar las tropas.

    Exactamente eso mismo sucede con los cristianos y los líderes. Es notorio como las personas que se encuentran activamente sirviendo a Dios reciben más ataques que los que solo siguen. Los que predican, los evangelistas, maestros de la escuela dominical, los intercesores, pastores, y líderes de la congregación tienen oposición, descrédito y todo tipo de ataques que pueden ir desde desavenencias familiares a enfermarse ellos o sus seres queridos, las tentaciones aumentan a su alrededor, y el objetivo también es claro: quitar de en medio a los que guían las congregaciones, a los que predican y hacen que la Palabra de Dios llegue a otros. Estos ataques pueden llegar a hacer que exista rechazo e impedimento para que se extienda a otros el Evangelio de Salvación. Es por eso que Pablo escribe a los creyentes de Tesalónica: Por lo demás, hermanos, oren por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre ustedes. Pocas personas existieron que hayan tenido la unción y la presencia de Dios de este apóstol, sin embargo, conocedor del poder de la oración, pide intercesión por ellos, para que fueran efectivos al predicar a Cristo, y estuvieran respaldados por el Padre Celestial, del mismo modo en que antes había sucedido con los tesalonicenses.

    Tengamos un ministerio definido o no, estemos activamente en el servicio a Dios o no, debemos orar sin descanso por los hermanos que se encuentran trabajando para Él, para que la presencia y guía del Espíritu Santo esté siempre con ellos. Orar para que la Palabra de Dios llegue a todos los que aun no han aceptado a Cristo, que sea respaldada y glorificada. Cubrirlos con oración para que sean fortalecidos en medio de los ataques y tentaciones que sobrevendrán. Esa es también nuestra manera de reducir las bajas en esta guerra espiritual. ¡El Señor te bendiga!

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