“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.”
Salmos 40:1 RVR1960
La paciencia tiene dos grandes significados. El primero, es la capacidad de sufrir y tolerar desgracias y adversidades, cosas molestas u ofensivas con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse. El segundo es calma o tranquilidad para esperar. Es poco frecuente encontrar personas pacientes. Lo más común es lo opuesto, total impaciencia y desespero. El ritmo de la sociedad hace que sea imposible esperar las cosas con calma. Queremos que todo suceda cuando entendemos, a nuestro ritmo, sin percatarnos que no necesariamente será así, porque llevan su tiempo y procesos.
En el ámbito cristiano sucede algo similar. La impaciencia es algo que abunda, y queremos la respuesta a nuestras peticiones en nuestro tiempo y según la apreciación que tenemos de las cosas. A nadie le parece bien perseverar durante largo tiempo por una petición presentada a Dios. Se quiere que sea solo orar y que tenga respuesta inmediata. Sin embargo, vemos que el salmista declara: Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Debemos recordar que Dios responde las oraciones en un tiempo perfecto, y a veces prueba nuestra fe y perseverancia, otras nuestra paciencia y confianza.
Esperemos con paciencia, perseverando con nuestras peticiones, entonces seremos oídos y tendremos respuesta. Dios contesta cuando más necesario es. No llega ni tarde ni temprano, siempre en el momento adecuado, y no necesariamente lo que creemos que es el tiempo correcto lo es en el plan divino. Confiemos con paciencia. ¡Dios te bendiga!
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