“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.”
Juan 15:4 RVR1960
En el reino de las plantas, es impresionante la capacidad de regeneración que poseen. Puede decirse que las ramas de los árboles son similares a las extremidades de una persona, pero mientras si a nosotros se nos corta una extremidad, no nos vuelve a salir, a los árboles no solo sale nuevamente, sino que puede que en el lugar donde fue cortado salgan dos ramas en vez de la que perdió.
Sin embargo, lo que si es cierto es que, aunque la manera de reproducirse sea mediante esquejes, para que llegue a dar frutos tiene que madurar, echar raíces, y convertirse en un árbol fuerte. Durante la última cena de Jesús con sus discípulos, el Mesías les dijo: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Los pámpanos son los brotes verdes que surgen cuando una yema se desarrolla en una vid y es la estructura encargada de soportar los racimos de uvas, pero si estos son cortados, no tienen modo de recibir la savia vital, por lo que se secará y caerá. Pero un cristiano, separado de Jesús, ¿qué puede hacer? Pierde sentido, razón de ser, y en vez de dar frutos, se seca y muere.
Mantengámonos aferrados a Cristo, pues es nuestro Salvador, y nuestro ejemplo a seguir. De Él obtenemos fuerzas para continuar y esperanzas para vivir un día más. Nunca lo soltemos, y gradualmente se evidenciarán en nosotros los frutos producto a nuestra dependencia. ¡El Señor te bendiga!
#PermanecerEnCristo, #LlevandoFrutos, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias