“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;”
Colosenses 4:2 RVR1960
La oración es una de las actividades más importantes en la vida de un cristiano, siendo esta la forma de comunicación con Dios por excelencia, y mediante la cual honramos Su nombre, Lo alabamos, presentamos nuestras peticiones y tenemos comunión con Él. Pero, independientemente de su importancia, los creyentes suelen ser negligentes con las oraciones. Es fácil encontrar en las congregaciones personas que oran una o dos veces al día, pero peor aún, algunos que pasan días enteros sin dedicar tiempo a buscar el rostro de Dios a través de la oración.
A personas así les escribe Pablo, cuando les dice a los creyentes de las iglesias de Corinto: perseveren en oración, velen en ella con acción de gracias. Les llama a orar en todo tiempo, a permanecer en comunión con Dios, y a velar para evitar la indolencia en cuanto a la oración o posponerla. También a cuidarnos de nuestra voluntad corrupta, de nuestro cuerpo que quiere dormir cuando oramos, o de la mente que nos lleva a pensamientos que nos distraen de la comunicación con nuestro Padre Celestial. Agrega también que en la oración demos gracias por todas las cosas, sean alegres o tristes, por las misericordias que el Todopoderoso ha obrado en nosotros, temporales, permanentes, espirituales, físicas, nacionales, familiares o individuales.
Orar es comunicarnos con Dios, expresarle cómo nos sentimos, cuánto le agradecemos, cuánto confiamos en Él. Es la manera de cultivar nuestra relación y comunión, es la forma en que le veremos cómo nuestro Padre y amigo. Así aprenderemos a escucharle y experimentaremos que es imposible vivir sin Su presencia en nuestras vidas.
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