“Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?”
Lucas 14:28 RVR1960
La planificación es un proceso de toma de decisiones bien meditado con una ejecución metódica y estructurada a fin de obtener un resultado, o cumplir determinadas metas. Se tienen en cuenta la situación actual, y factores internos y externos que pueden influir en el logro de los objetivos trazados. Estos términos pueden parecer muy complicados, y solamente funcionales en el ámbito de la dirección o administración de empresas, sin embargo, no podemos estar más equivocados. Para una persona, vivir la vida sin trazarse objetivos a mediano, corto y largo plazo, es vivir por vivir.
Las decisiones que tomamos pueden tener repercusiones para nosotros, y planificar qué queremos lograr en nuestra vida, y posteriormente establecernos acciones para alcanzar esto, va a posibilitarnos saber qué es necesario invertir y cómo utilizar nuestro tiempo provechosamente. Lamentablemente, las personas no se preocupan por intencionar nada, y pasan los años sin tener un propósito.
Vemos en el versículo anterior a este pasaje del Evangelio según Lucas, que Jesús habla acerca de lo que se necesita para ser Su discípulo. Y a continuación pregunta: ¿quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta y calcula los gastos a ver si puede terminarla? Continúa diciendo que, si no pudiesen acabarla, todos se burlarían. Cristo hace una referencia a la planificación, en la cual debemos valorar dónde nos estamos metiendo. Cuando iniciamos como cristianos, lo hacemos muchas veces por emoción o embullo, sin verdaderamente analizar lo que implica seguir al Mesías. Muchas personas abandonan a los pocos meses o al año: no están dispuestas a renunciar a sus hábitos y vicios del mundo. Varios de los que siguen, no tienen un propósito definido, y esperan que Dios los capacite, sin verdaderamente disponerse a ello. La tibieza puede ocasionar que coqueteemos con las tentaciones que vienen a nuestra vida, y pecamos. Y esto no es lo que quiere nuestro Salvador que hagamos. Él nos dice que analicemos cuidadosamente si queremos seguirle, y que, si tenemos lo necesario para ello, lo hagamos sin mirar atrás. Por un lado, tenemos los placeres del mundo y un infierno de condenación, por otro, libertad, salvación y vida eterna para ti y tu familia.
¿Cuál es nuestra meta? Si es habitar en el reino de Dios, debemos planificar nuestra vida. Dejar de hacer todo aquello que nos pueda apartar de nuestro Padre Celestial, y planificar nuestro crecimiento espiritual. Involucrarnos en Su obra, estudiar conscientemente, tener un horario para encontrarnos con Él en nuestro devocional diario, asistir sistemáticamente a los servicios del templo, como si de nuestro trabajo se tratara y dedicar todos nuestros esfuerzos a hacer la voluntad de Dios sin arrepentimiento de lo que dejamos atrás, con la vista puesta en el Trono de Gracia. Y, de esta forma, bloque tras bloque, piedra tras piedra, edificar una vida de santidad, como si de una torre se tratara, teniendo a Cristo como modelo a seguir.
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