Si Tu presencia no irá, no nos saques de aquí

    “Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.”

    Éxodo 33:15 RVR1960

    La humanidad y el desarrollo de las grandes urbes han estado marcadas por migraciones a lo largo de la historia. Se entiende por migración el desplazamiento de población desde un lugar de origen a otro de destino, sucediendo este movimiento entre ciudades o países. Fue evidente en la antigüedad en ciudades como Grecia, Cartago y Roma, posteriormente en la edad media en países de Europa, luego con el descubrimiento de América, siguió con la revolución industrial, hasta nuestros tiempos. Las causas suelen ser muchas, entre ellas motivos económicos, políticos, violencia, guerra, o ambiciones personales, por contar algunas. Lo que sí siempre se establece este movimiento de una provincia hacia la capital del país, o desde países menos desarrollados hacia la nación que resulte más próspera.

    En la actualidad, muchas personas de cualquier lugar del mundo referencian a Estados Unidos como país hacia el cual emigrar. Entre la situación que ha generado la pandemia, crisis generalizada, y el deseo de estabilidad económica, muchas familias han sido separadas, y las personas se lanzan por cualquier vía a tratar de alcanzar sus sueños de prosperidad, poniendo en la gran mayoría de los casos hasta en peligro sus vidas. Los cristianos también han sido impactados por esto, y muchos se lanzan a lo desconocido, esperando que Dios les ayude a cumplir sus propósitos, pero sin preguntar Su voluntad. Sin embargo, en una situación distinta, vemos a Moisés que recibe el mandato de liderar al pueblo de Israel hacia la tierra prometida, diciendo Dios que no iría con ellos, y en este pasaje de Éxodo, leemos: Y Moisés respondió: Si Tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. Este no era un propósito personal, era un mandato del Altísimo. Pero Moisés había experimentado de primera mano lo que era contar con Su presencia, y pidió a Dios que fuera con ellos, o no los moviera de donde estaban. A veces tenemos planes, y nuestro Padre nos muestra señales para que no hagamos algo y, aun así, lo hacemos y luego nos preguntamos por qué salió todo mal.

    Preguntemos a Dios si estamos haciendo las cosas conforme a Su voluntad o por nuestras fuerzas. Sea por propósito ministerial, profesional o personal, escuchémoslo, no sea que salgamos por pura rebeldía, y fracasemos por no contar con Su presencia. Hagamos nuestras las palabras de Moisés, hasta cuando salimos de nuestro hogar: Señor, si no vas conmigo, no me dejes salir. ¡Dios te bendiga!

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