Somos enviados a predicar el evangelio

    “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.”

    1 Corintios 1:17 RVR1960

    El apóstol pablo escribe a los corintios porque, entre otros asuntos, se estaban estableciendo divisiones entre los creyentes, eligiendo agrupándose según los líderes o apóstoles, unos de Pablo, otros de Apolos, los había de Pedro, y los más extremos decían que de Cristo, poniendo en duda así el ministerio de los líderes, aunque ellos mismos se hallaban en contendiendo, separados y propiciando el desorden.

    Aclara acerca de la necesidad de la unidad entre ellos, y, aludiendo que él solo había bautizado a unos pocos, continúa: Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Es importante aclarar que Pablo no está menospreciando el bautizo aquí, sino que declara cual su llamado. No perdió de vista la misión ante sí, la de dar a conocer el Evangelio de Salvación a todos a su alcance, pero agrega algo más, y es que su predicación no era como los corintios habrían preferido, usando un raciocinio filosófico, lenguaje rebuscado, técnicas de oratoria o erudición secular. Hacerlo dejando fuera la esencia del Evangelio propiamente, y a Cristo crucificado, era como hacer inservible o vano el sacrificio de Jesús en la cruz. A los corintios, como a nosotros en la actualidad, les gustaba más la lógica y la elocuencia humana al predicar, que el evangelio propiamente. Y hoy en día nosotros nos enfocamos más en emplear palabras rebuscadas, que se eleve la voz con buen uso de la oratoria, ejemplos conmovedores y que se evidencie el conocimiento del predicador, en lugar de depender más de Dios y el Espíritu Santo, centrando la predicación sobre Cristo y no sobre nosotros.

    Cuando prediquemos a Cristo, hagámoslo con sencillez, sin complicar tanto las cosas con palabras, conocimiento, filosofía y técnicas de oratoria aprendidas. Es el Espíritu Santo el que añade a los que han de ser salvos, no nuestro conocimiento. Dependamos más de Él, para llevar el Evangelio de Salvación a las personas que se pierden de manera precisa. ¡El Señor te bendiga!

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