“con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”
Efesios 4:2 RVR1960
Las interacciones humanas son procesos complejos. Y una de sus características es la capacidad de tolerar a cada individuo con sus virtudes y defectos. Cada persona tiene rasgos que lo definen, algunos de los cuales pueden ser agradables o molestos para la otra con quién interactúa. Y es una habilidad social saber sobrellevar estas diferencias para aprovechar las fortalezas de cada quien. Con todo, hay temperamentos con los que es difícil tratar, y por momentos cuesta muchos dominarnos y no reaccionar ante determinadas acciones que suceden a diario.
En el trato con los cristianos sucede igual. Nuestro carácter va moldeándose al modelo de Cristo, pero este es un proceso gradual y muchos rasgos de nuestra vieja naturaleza se mantienen. Y a las personas que no son creyentes les agrada mucho usar esto en contra de los miembros de la iglesia, con frases como: ‘y eso que son cristianos’, o: ‘por eso es que no voy a la iglesia’. Olvidan que los que asistimos a la iglesia somos pecadores también, no somos perfectos, solo que nos apartamos de la práctica del pecado por amor a Dios, el sacrificio de Jesús en la cruz, y la obra transformadora del Espíritu Santo. Pero a veces los hermanos en Cristo lo olvidan también, y hay tendencia a la susceptibilidad excesiva y a la altivez.
El apóstol Pablo debió haber escrito esta porción de su epístola a la iglesia de Éfeso por una situación similar. Él dice que nos comportemos con humildad y mansedumbre, tolerándonos con paciencia y amor entre nosotros. Y hay varios elementos claves aquí, en primer lugar, nuestra propia actitud: dice que debemos tener humildad y suavidad de carácter. Recordar que nosotros no somos mejores que los demás, sino que también cometemos errores. Que no nos gusta ser tratados mal, por tanto, debemos actuar como queremos que nos traten. Recordar que con desconocidos o nuestros jefes a veces soportamos cosas que nos disgustan mucho, ¿cómo no hacerlo entonces con nuestros hermanos de la fe? Agrega otros elementos claves, que debemos tolerarnos con paciencia y amor, dos aspectos que son producidos en nosotros por el Espíritu Santo. Si no tenemos esto en nuestras vidas, ¿ha ocurrido verdaderamente una transformación? Pensemos en algo: Dios nos muestra diariamente paciencia y amor, amor en el que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros, y tuvo un plan de salvación para cada uno; y paciencia en el que cuando pecamos a diario hasta por dejar de hacer lo correcto, somos perdonados si nos arrepentimos.
Formamos parte del cuerpo de Cristo, y cada uno tenemos nuestras diferencias y características, de la misma manera que cada órgano, extremidades y partes de nuestro organismo. Pero si dejamos de pensar en lo que nos diferencia o desagrada, y nos centramos más en lo que nos une y agregamos a esto amor y paciencia, lograremos funcionar adecuadamente, impactar en el mundo que se pierde y dar testimonio de Cristo en nuestras vidas.
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