Trabajad con vuestras manos

    “y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado”

    1 Tesalonicenses 4:11 RVR1960

    El trabajo hace referencia a las horas que dedican las personas a la producción de bienes o servicios. Consiste en el esfuerzo humano puesto en la producción y venta de bienes y servicios. Las primeras menciones del trabajo del hombre en la Biblia se encuentran desde su primer libro, cuando es puesto a labrar y guardar el huerto del Edén (Génesis 2:15 RVR1960) y posteriormente a consecuencia de la desobediencia, cuando Dios decreta que: con el sudor de tu rostro comerás el pan (Genesis 3:19 RVR1960), siendo el primer caso un trabajo sencillo y agradable, mientras el segundo ya implicaba luchar contra una tierra poco productiva, cubierta de malezas, espinos y cardos. Sin embargo, el trabajo se convierte no solo en fuente de sustento, sino en una forma de agradar al Todopoderoso, y siendo visible en sus resultados una demostración de la bendición divina.

    En este pasaje de su primera carta a los miembros de la iglesia de Tesalónica, Pablo les escribe acerca de que buscaran tener tranquilidad y atender sus propios asuntos, en contraste con el resto del mundo, que deseaba causar revuelo y curiosear en las cosas de los demás, animándoles a trabajar como ya les habían mandado. En su gran mayoría, los convertidos eran de clase obrera, y varios de ellos, ante su expectativa del inminente retorno de Cristo, habían dejado de trabajar y vivían de la bondad de otros. Y si bien hacían bien en esperar el regreso del Mesías, utilizar esto como excusa para dejar de trabajar estaba mal, y ocasionó fuertes censuras en la epístola posterior, al empeorar esta situación. Los cristianos estamos llamados a ser ejemplo en nuestros trabajos, y entorno en general. Debe existir una diferencia para que se perciba la presencia de Dios en nosotros, y la vagancia y holgazanería es altamente criticada en las Sagradas Escrituras. Recuerde que si bien nuestro Padre Celestial prometió sustentarnos, tiene uno de estos dos aspectos: o bien estamos trabajando para el ensanchamiento de Su reino, o impactando en el mundo con nuestro testimonio en nuestro trabajo, nunca porque estamos sentados en casa sin hacer nada.

    Como cristianos estamos llamados a trabajar, y a hacerlo bien, como para Dios. Nunca la fe se va a convertir en un pretexto para no trabajar, por el contrario, precisamente por nuestra fe debemos ser conscientes en nuestro desempeño laboral y ejemplo ante los inconversos. A Dios le agrada que sus hijos sean laboriosos y bendice sus resultados, siempre que Él sea primero en nuestras vidas y el propósito no sea el enriquecimiento, sino mediante nuestras ganancias ser capaces de proveer y ayudar a otros.

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