“Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”

     Romanos 12:16 RVR1960

    El orgullo es un sentimiento de satisfacción que siente una persona respecto a sí misma, y tiene dos tendencias, una positiva y otra negativa. Tener orgullo propio, hace que tengamos autoestima, y seamos equilibrados, pero el exceso de estima hace que uno se convierta en alguien orgulloso. Ser orgulloso y altivo nos hace desagradables en la interacción con otros. Tener exceso de estimación y una apreciación sobredimensionada de los méritos que creemos tener, ocasiona que nos sintamos superiores a los demás.

    Es frecuente encontrarnos en la vida con personas que por su posición o estudios se comporte como si la opinión o ideas de los demás no tuvieran valor. Comentarios hirientes o condescendientes por parte de ellos hacen que el trato sea difícil y en determinados momentos, insoportable. Entre los creyentes existen personas que por tener más tiempo asistiendo a un templo, por tener estudios teológicos o cargos de liderazgo, llegan a sentirse superiores o más espirituales que el resto de sus hermanos.

    En la epístola de Pablo a los Romanos, el apóstol está animándolos a estar unidos, sea cual sea la posición social, diferencia de nivel escolar, temperamento o dones, siendo esta unión la cosa de más valor. Les previene contra la altivez, para que no hubiese una separación egoísta, sirviendo a intereses propios de reconocimiento, y evitando así propósitos o deseos ambiciosos. Habla de asociarse a los humildes y sus causas, sin grandes pretensiones, humillando nuestro propio espíritu y siguiendo el ejemplo de los que practican la humildad. Por último, se nos llama a no ser sabios en nuestra propia opinión. En muchas oportunidades, no sabemos de un tema, pero nos comportamos como expertos porque sobrevaloramos nuestro conocimiento.  No creernos sabios es una confirmación de lo dicho anteriormente de dejar a un lado la altivez y comportarnos como personas que reconocemos que cada quien tiene que aportarnos, y que solamente en la unidad entre hermanos podemos prevalecer.

    La mejor manera de procesar esto es recordar que los estudios, conocimientos, posición social, o cualquier cosa que consideremos de estima y nos haga sentir superiores a otros, todo de lo que podemos estar orgullosos ha sido permitido y proporcionado por Dios. Ha sido dado a nosotros en servicio a nuestros hermanos en Cristo, y para el ensanchamiento de Su obra. Si alguien debe ser exaltado y alabado es Dios, no nosotros mismos, por eso nuestra humildad es un reconocimiento a lo que nos ha sido dado por misericordia.

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