“Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.”
1 Tesalonicenses 5:6 RVR1960
Todas las personas necesitamos dormir. De este modo se realizan procesos metabólicos en el cerebro, se limpia de toxinas, procesa el conocimiento adquirido durante el día y se prepara para recibir conocimiento nuevo. Dormir descansadamente es sinónimo de estar sosegado, relajado y despreocupadamente. Sin embargo, suele suceder que cuando nos espera una situación que esperamos con alegría, o si nos alertan de algo desagradable que puede acontecer, nos mantenemos en vela, a la espera de los acontecimientos.
El apóstol Pablo ha hablado acerca del Día del Señor, y que sería como ladrón en la noche, y hace uso de una metáfora para referir las actitudes de la vida de los inconversos contrastadas a la de los cristianos. Dice: por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Las personas que no conocen a Dios no están esperando el regreso de Cristo. Ellos viven de manera despreocupada, sin tensiones, inmersos en sus pecados, sin saber que existe peligro para sus almas. Este modelo de vida está contrastado con el de los creyentes, pues nosotros si sabemos que el Mesías regresará, y es un evento que se espera con ansias. Nuestra actitud debe ser de espera, sobria, sin confusiones, sin tropiezos, preparados para lo que ha de venir.
Puede un cristiano dejarse tentar por el pecado, bajo la premisa de que tendrá tiempo para arrepentirse si cae, pero no sabemos cuándo Dios nos llamará a Su presencia, ni cuándo tendremos que dar cuenta de nuestros actos y si nos dará tiempo de arrepentirnos. Mejor no jugar con fuego, mejor mantenernos firmes, en espera del cumplimiento de la promesa, sin descuidar nuestro testimonio y manteniendo nuestra santidad. Velemos, seamos sobrios, y estemos preparados.
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