“pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.”
1 Juan 3:20 RVR1960
Una de las principales justificaciones que se usan cuando se confronta a alguien por haber cometido pecado es que no lo concebían como tal. Las personas que nunca han leído la Biblia argumentan que no saben que es considerado pecado, a pesar de que aún los que no son cristianos, al menos conocen la mayoría de los mandamientos del Antiguo Testamento. Sin embargo, cada persona tiene ese sentimiento de que ha hecho algo mal, como si su propia conciencia lo quisiera refrenar de lo que va a hacer.
Juan escribe en su epístola: si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él sabe todas las cosas. Esto tiene dos contextos importantes, el primero en el caso de los cristianos, y el segundo en el caso de los pecadores. En muchas oportunidades, los cristianos sienten una pesadumbre por los pecados cometidos anteriormente, recuerdan su comportamiento antes de ser cristianos y esto les hace afligirse, porque saben cuanto le deben a Dios. Sin embargo, el Padre Celestial, que es mayor que nuestros conflictos en nuestro corazón, sabe que estamos arrepentidos, y nos perdonó, sea cual sea el pecado. En el caso de los inconversos, cuando sienten en su interior que lo que hacen no está bien, aún más desagradable es para el Altísimo que ellos cometan pecados intencionalmente, y aunque les advierte mediante esta voz para que se refrenen, les juzgará más desfavorablemente que ellos mismos.
En nosotros mismos tenemos una guía moral, que nos ha indicado que es lo correcto y que no. Tristemente, muchos optan por acallar esa voz. Ella es la que nos hace alejarnos del mal, y cuando ya nos hemos alejado, la que nos hace evitar caer en pecado nuevamente. Nos queda a nosotros esforzarnos y depender de Dios para llegar a tener un corazón que no nos reprenda.
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