“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.”
Romanos 12:9 RVR1960
Una de las bases de la vida cristiana es el amor. Debe formar parte integral de cada comportamiento, actuación y pensamiento. Es causa y consecuencia de cada creyente, pues por amor hemos sido salvos, y debemos reciprocar lo que hemos recibido. Se debe amar a los hermanos en Cristo, al prójimo y hasta a los enemigos. Por amor tenemos el privilegio de llamar Padre al Creador de todo cuanto existe.
Sin embargo, también es Dios el origen de este amor en nosotros. Él es quien lo pone y hace crecer, pues no forma parte de la naturaleza humana tener estos actos de bondad hacia todos. Con todo, existen personas en la iglesia que aparentan amar a los demás, y su corazón está lleno de murmuraciones, críticas, altanería, arrogancia y falta de amor. Vemos en este pasaje de la epístola de Pablo a los Romanos, que nos dice: el amor sea sin fingimiento. Aborrezcan lo malo, sigan lo bueno. Seamos veraces, y evitemos la hipocresía. Si no lo hacemos, nos mentimos a nosotros mismos, y estamos en pecado. Pero también que sea nuestro sentir apartarnos de lo malo y que los buenos comportamientos sean nuestra norma a seguir.
Si tenemos falta de amor, no lo finjamos, para quedar bien con los hombres. Por el contrario, oremos a Dios para que Él ponga en nuestro corazón este sentimiento, que no hace mejores personas, cristianos eficaces, y podemos ser testimonio de Cristo ante los que se pierden.
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