“En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.”
Juan 15:8 RVR1960
Como cultivadores, nos agrada mucho cuando nuestros árboles y plantas traen muchos frutos. Nos alegra saber que hemos trabajado arduamente y que esos meses de sudor no han sido en vano, hay un resultado visible. Pero como padres, también nos complace ver nuestros hijos siendo reconocidos por su educación, buenos hábitos y modales. Su comportamiento habla por sí solo de nuestra labor como padres.
Una circunstancia similar se plantea en este pasaje, en el que Cristo dice: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Los frutos de los que se habla es el que proviene del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23, Efesios 5:9 RVR1960), y que mientras exista una trasformación en nosotros, podrá exteriorizarse en nosotros y ser percibidos por los demás. Nuestro comportamiento, las obras que hacemos, y nuestra vida en general, dan testimonio de Dios y glorifican Su nombre. Y cómo mismo un padre que ha dado todo por sus hijos espera que ellos actúen adecuadamente, también nuestro Padre Celestial.
Nuestras acciones hablan más que las palabras que seamos capaces de decir. Más que lo que decimos, la gente nos observa prontos a criticar. Impactemos con frutos del Espíritu Santo visibles en nuestras vidas. Actuemos y obremos como embajadores de Dios, para que Sus grandes hechos sean perceptibles en nosotros. ¡El Señor te bendiga!
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