“Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.”
Salmos 34:13 RVR1960
Las mentiras son afirmaciones que las personas hacen conscientes de que no son verdad, y esto es utilizado para fingir, engañar, aparentar, persuadir, manipular o evitar situaciones. Los adultos y niños, sin distinción, mienten con mucha frecuencia. Se dicen aproximadamente once mentiras por semana, aún por parte de personas que no acostumbran a decirlas, ya que se ha convertido en una habilidad social. Mientras el hombre miente por cuidar su imagen, la mujer lo hace por proteger, sea a ella o a los suyos. Se es más propenso a hacerlo con gente desconocida, pero al conocer a alguien por primera vez, frecuentemente en los primeros diez minutos se ha mentido unas tres veces. Por otro lado, se miente más al final del día.
Aunque la sociedad últimamente ha tratado de “descubrir” los beneficios que puede traer la mentira, lo cierto es que una persona que se acostumbra a mentir, al inicio mediante el uso de la llamada mentira piadosa y posteriormente adaptando su vida a esto, solo consigue convertirse en alguien totalmente falso, de quien resulta imposible confiar en lo que dice, y antes o después todas las falsedades dichas son descubiertas, lo cual causa vergüenza por parte de quien las profiere, y decepción y desconfianza en los que le rodean. Pero mientras algunos solo lo hacen con el objetivo de que las demás personas tengan una mejor imagen de él, otros lo hacen con intenciones maliciosas, siendo sus palabras como cuchillas envenenadas, buscando ocasionar mal a otros para poder escalar posiciones. Por su parte, Dios aborrece la mentira. Él es verdad, y sus seguidores no podemos estar apartados de Su naturaleza. El salmista nos dice: Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Nuestra palabra ha de ser veraz, y que sea si o no, pero que promueva que no haya dudas de ella. No puede un cristiano ser un mentiroso, pues esto es opuesto lo que Dios espera de nosotros, y difiere de cómo debemos impactar en el mundo.
Mentir solo es una exteriorización de lo que hay en nuestra mente. En vez de convertirnos en mejores personas mediante el esfuerzo, se hace con falsedades. Como cristianos, no nos adaptemos a las convenciones sociales que usan las mentiras como interacción, más bien hagamos una diferencia para que todavía haya luz en este mundo de tinieblas. ¡El Señor te bendiga!
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