“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece”
1 Corintios 13:4 RVR1960
El amor es el sentimiento supremo que una persona puede experimentar hacia otra. Incluye no solo afinidad, sino también respeto, conexión, libertad. Puede decirse que es una unión espiritual, que genera pasión, intimidad y compromiso genuino. Cabe destacar que no es solo referente a relación de pareja, como se ha generalizado, sino que hay diversas dimensiones de este sentimiento.
Uno de los temas más recurrentes en las Santas Escrituras es el amor, pero en los idiomas originales con que fueron escritos sus libros, estaba bien definido el contexto y alcance de cada verbo. En el nuevo testamento, existen cuatro palabras griegas que enmarcan lo que es traducido como amor en español: Amor Ágape (gr. ἀγάπη), referente a la actitud de Dios hacia Su Hijo, hacia la raza humana, y particularmente hacia aquellos que creen en Cristo. También la que deben mostrarse entre sí los hermanos de la fe. Es el amor de mayor intensidad, perfecto, absoluto, sacrificial y puro. Amor Philia (gr. φιλέω), sentimiento de unión afectiva entre dos personas, resaltando el cariño entre seres queridos, del cristiano con el prójimo, característica de las amistades cercanas. No necesariamente de entorno familiar. Amor Storge (gr. στοργη) o afecto, especialmente de padres a hijos, de hijos a padres y entre hermanos. Se caracteriza por un vínculo afectivo con sentimientos de solidaridad, necesidad, aprecio, lealtad, protección y preocupación por las personas cercanas. Por último, Amor Eros (gr. ερως) que significa amor carnal, sensual, romántico y erótico. Está basado en buscar la satisfacción propia, de forma egoísta, sin lealtad, solo preocupándose por uno mismo. Este ni siquiera aparece escrito en la Biblia.
En este pasaje de la primera carta de Pablo a los Corintios, se hace uso del amor ágape. En versículos anteriores habla que, si tuviese todo conocimiento, poder, fe y diese todas mis pertenencias a los pobres, pero no tengo este amor, de nada sirve. Esta porción de las Escrituras nos muestra un amor dispuesto a sufrir, benigno, sin envidia, que cree, espera y soporta cualquier cosa sin menguar. Es un amor que solo puede provenir del Padre Celestial, y que somos capaces de experimentar mediante la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Totalmente opuesto al último de los cuatro, es capaz de hacer todo por la otra persona, en este caso, por amor al hermano en Cristo. Cualquier acción hecha en favor de otro, será genuina, dispuesta a sacrificar cualquier cosa, sea nuestro tiempo, bienes, o recursos en función de otros. No hay dobles intenciones, no se compara quién tiene más o si es mejor que lo que tengo yo, ni hay ánimo de demostrar a los demás que yo si lo hago, o que yo si amo más que el resto. Es hecho todo desde el corazón, con las mejores intenciones y sin esperar nada a cambio. Se hace porque nace y se quiere lo mejor para los demás.
Si en este día aún no has experimentado este amor, pídelo a Dios. Él es el que pone este sentir en nosotros y solo de esta manera podremos obrar en favor de otros de la manera en que los cristianos debemos hacerlo: en verdad.
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