“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”
Mateo 26:41 RVR1960
La tentación (lat. temptatĭo) es la instigación que induce el deseo de realizar una acción inminentemente agradable pero dañina a largo plazo, por multitud de razones. El objeto de este deseo puede ser una persona, cosa, circunstancia, u otro estímulo. Está asociada a la seducción y la provocación. En el ámbito religioso, es la incitación a pecar por parte del Diablo. Este provoca que una persona haga o deje de hacer algo para alejarla de Dios, aprovechando la debilidad intrínseca del hombre.
La influencia externa que ejerce el mundo sobre cada individuo, en el que a veces por una presión social se nos empuja a hacer cosas que nosotros mismos no queremos o consideramos incorrectas, nos lleva a que accedamos a hacerlas por una aceptación dentro de un grupo. Por otro lado, en ocasiones nosotros mismos nos mantenemos valorando en nuestra mente hacer algo que sabemos que está mal, convirtiéndonos en causantes de tentación. Y nadie escapa a esta lucha constante, entre lo que es fácil pero incorrecto o lo que es correcto.
En este versículo se expone una situación: debemos evitar caer en tentación, pero, aunque nuestro espíritu está dispuesto a oponerse a pecar, nuestro cuerpo nos lleva al pecado. También está aquí la solución: velar y orar. El contexto en el cuál sucede esto es cuando Jesús pide a los discípulos que le acompañen en oración en el huerto de Getsemaní, antes de que lo apresaran, y en tres oportunidades los halló durmiendo. En muchas ocasiones nos sucede esto, que debemos hacer algo que es crucial para nuestro crecimiento espiritual, por necesidades de otras personas o nuestras. Nos da hambre si ayunamos, nos dormimos si queremos hacer una vigilia, nos distraemos si estamos orando, nuestra mente divaga si leemos la Biblia, u olvidamos los horarios que fijamos para realizar las tareas que debemos como cristianos. Nuestra vista nos lleva a querer cosas que sabemos que no nos harán bien y deseamos lo que nos lleva a pecar.
Pero para esto hay solución. Debemos velar hacia dónde nos llevan nuestros pensamientos. Alejarnos de situaciones en que quedemos expuestos a la tentación, evitar estar solos, y tener comunión con otros cristianos. Se debe incluir la meditación y pensamiento en cosas espirituales, la lectura de las Sagradas Escrituras, y la dependencia de Dios. Nuestra relación con Él es la de un hijo con su Padre, y cada vez que pecamos, le fallamos y entristecemos. A veces dejamos de hacer cosas por no decepcionar a un amigo, ¿cuánto más valdrá la pena no defraudar al Todopoderoso? Y esta relación se fortalece cada vez más con la oración. Oración constante y a cada momento, pasando por cada una de sus dimensiones en dependencia del momento o circunstancia. De esta manera, ni el pecado ni la tentación tendrán ni parte ni suerte con nosotros.
#VelarYOrar, #EvitarLaTentación, #ResistiendoLaTentación, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias