“Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.”
Isaías 26:4 RVR1960
Todos hemos tenido esa amistad que hoy está muy comunicativo con uno, y mañana ni siquiera nos quiere dirigir la palabra. Y aunque lo seguimos teniendo como amigo, resulta difícil el trato, pues uno nunca sabe cómo amaneció ese día. Confiar el él, también es complicado, pues quizás esté dispuesto a ayudar o sencillamente no te quiera oír. Y, a pesar de que no en esa misma medida, sucede algo similar con el resto de las personas, pues podremos contar con ellos en dependencia de que nuestra petición o solicitud de ayuda no entre en conflicto con sus propias intenciones.
Pero vemos en el libro del profeta Isaías: Confíen en Dios perpetuamente, porque en Dios el Señor está la fortaleza de los siglos. Una fortaleza está hecha para soportar asedios, ataques tanto de enemigos como de la naturaleza, es una edificación fuerte, construida con rocas y materiales resistentes que permanece firme independientemente de los embates que sean lanzados en su contra. Así es comparado Dios, agregando que es así de confiable por los siglos. Aunque fue dicho en tiempos de Isaías (754 A.C.), tiene vigencia para nosotros en la actualidad. El llamado es a que confiemos perpetuamente en Dios, porque es nuestro auxilio en tiempos de dificultades, y refugio en medio de los ataques que recibimos a diario.
Siglos de testimonios de personas en la Biblia y cristianos en la actualidad confirman que Dios sigue siendo el mismo ayer y hoy. Su fidelidad y confiabilidad no tiene límites, y no tenemos modo de compararlo con ningún ser humano, aún los más allegados a nosotros. Él está dispuesto a ser tu roca firme, y fortaleza en tiempos de necesidad. Solo nos queda confiar.
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