El amor cubre multitud de pecados

    “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”

    1 Pedro 4:8 RVR1960

    Los dedos acusadores conforman el modo de actuación característico de la sociedad en la actualidad. Somos prontos a señalar y echar en cara de los demás los defectos y faltas cometidos, quizás para evitar que vean los nuestros propios, y esta es una tendencia que se ha generalizado en cualquier ámbito. Más que tratar de lograr que la persona entienda su falla, proceda a arrepentimiento y sea regenerada, se expone su falta ante todos, sin tener en cuenta su dignidad. Estos comportamientos pueden verse entre hermanos de la iglesia, familiares, compañeros de trabajo, amistades y conocidos.

    El amor, en cualquiera de sus manifestaciones, es un sentimiento profundo que logra que se modifiquen actitudes y comportamientos. Mientras las personas aprovechan las debilidades de otros y son prontos a difundirlas, quienes sienten amor por los demás se comportan de otro modo. Y aunque es un comportamiento que debería verse en la familia y entre los verdaderos amigos cuando se conoce que han flaqueado, para que se resuelva de modo privado el asunto o pecado, tendría que ser más evidente entre hermanos de la fe. Pedro dice: Y ante todo, tengan entre ustedes ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. La idea no es encubrir a los que pequen para que lo sigan haciendo, sino precisamente por amor, antes de exponer la situación ante la iglesia, tratar de edificar y razonar con el cristiano encontrado en una falta, para llevarle a arrepentimiento y de este modo lograr que reestablezca la relación con Dios sin que se aparte por el pecado o la vergüenza. Y de este modo proceder gradualmente, siguiendo lo dicho por Cristo (Mateo 18:14-17 RVR1960). Así, en vez de revelar los defectos, problemas de actitud, situaciones personales o pecados, siempre y cuando estos últimos no trasciendan a situaciones penadas por la ley, debemos obrar con tacto, de manera en que no afectemos la dignidad de las personas.

    El amor fraternal nos hace preocuparnos por los hermanos, haciendo que nos importe su integridad y testimonio ante los demás. Debemos recordar que Dios no reveló nuestros pecados ante otros, y precisamente por Su amor, nos llevó a arrepentimiento y perdón. Hagamos con los demás como hicieron con nosotros, pues, aunque el Altísimo es capaz de perdonar y olvidar la falta, los seres humanos acusamos y recordamos siempre. ¡El Señor te bendiga!

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