“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.”
Juan 17:15 RVR1960
Muchos cristianos, cuando comienzan su vida como creyentes, lo hacen bajo la idea de ser intocables y que inician un período cómodo y fácil. Cuando comienzan las pruebas y retos que trae consigo ser seguidores de Cristo, dudan acerca del plan de Dios y por qué les deja pasar por esas situaciones. Muchas dificultades y oposición aguardan cuando decides ser hijo de luz y comenzar un proceso gradual de transformación y madurez espiritual mediante el cual nos vamos apartando del mundo.
Algunos consideraron que apartarse del mundo implicaba recluirse en monasterios y vivir totalmente aislados del exterior. Eso nunca fue lo que Dios pretendió para los que seguían Sus caminos, y lo vemos en el pasaje de hoy.
Este versículo forma parte de la oración intercesora de Jesús antes de ser apresado y crucificado por nuestros pecados. Esta oración no es para que ellos sean sacados del mundo, porque, aunque de este modo habría seguridad para los discípulos y menos padecimiento, dejaría a las personas sin presenciar el testimonio de ellos, ni habrían llegado a nosotros las epístolas y evangelios escritos. La petición fue que los guardara del mal en ellos y del que el mundo ejercería sobre cada uno, que los cuidara de ser corrompidos, por el pecado que aún quedara en sus corazones y la presión externa, además del poder y astucia de Satanás.
Y esto es extensivo para nosotros en la actualidad. Como cristianos predicamos a Cristo resucitado, que perdona nuestros pecados y mediante Él tendremos salvación y vida eterna. Las pruebas nos hacen acercarnos más al modelo del Mesías, santificándonos de modo gradual. Pero es mediante nuestras vidas y la transformación obrada en nosotros, que podemos mostrar al mundo incrédulo que Jesús vive, sigue extendiendo Su mano para que más personas sean añadidas al Reino de los Cielos, y continúa intercediendo por nosotros para que seamos guardados del mal.
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