Justificados por gracia

    “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”

    Romanos 3:24 RVR1960

    La salvación es uno de los aspectos críticos del cristianismo. La salvación es la remisión y perdón de pecados, dando a la humanidad la posibilidad de reconciliación con Dios, lo cuál posibilita pasar una eternidad en la presencia del Todopoderoso y no en condenación. Aunque cada religión tiene su propia concepción de la eternidad, todas coinciden en un lugar de paz y otro de castigo, dependiendo de nuestras elecciones de vida. Sin embargo, solo una tiene un seguimiento pormenorizado del surgimiento de la humanidad, su relación con el Altísimo y el plan de salvación, que llegó a necesitar al Hijo de Dios como figura principal.

    Con todo, muchos han intentado agregar aspectos y condiciones para la salvación dada por Dios a lo largo de la historia del cristianismo, desde la demanda del cumplimiento de determinados aspectos conductuales no bíblicos o usando versículos sacados de contexto, hasta la venta de dispensas papales para garantizar la salvación de una persona y su familia. Es interesante como en pleno siglo XXI hemos retomado viejas costumbres de personas sin temor de Dios y hacemos lo mismo hoy en día, en los que se cobra por milagros, se condiciona la salvación por obras y determinadas personas perdonan pecados y garantizan la estadía en el Reino de los Cielos, aspectos todos solo bajo la autoridad de Jesucristo. Sin embargo, Pablo escribe en este pasaje: siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. No es necesario pago, penitencia, período de preparación o cosa alguna excepto el arrepentimiento de los pecados y la fe de que Cristo puede perdonar nuestros pecados.

    Si bien es cierto que no debemos seguir pecando, que debemos apartarnos de las malas obras que hacíamos antes, el paso principal para el perdón de nuestros pecados es la certeza de que la muerte de Cristo en la cruz es suficiente para redimirnos. El precio que debíamos pagar por nuestra desobediencia, ya fue pagado con la sangre del hijo de Dios hace más de dos mil años. No somos salvos por lo buenos que somos, ni por lo bien que nos comportamos, ni por cuanto podemos pagar, solo por fe en Jesús de Nazaret, así que si no has aceptado a Cristo como tu Señor y Salvador, este es el momento oportuno. Mañana quizás sea tarde.

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