“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.”
Mateo 6:7 RVR1960
La oración es el modo de comunicación directa que tenemos los cristianos con Dios. Constituye el centro de la vida espiritual, y es esta la razón por la que debe ocupar un lugar central en la vida de un creyente. Pero es a la vez uno de los aspectos más descuidados y que menos atención se le da.
Nuestro primer paso en la vida cristiana, es una oración en la que reconocemos que somos pecadores, nos arrepentimos de nuestros pecados, y aceptamos a Jesús de Nazaret como Señor y salvador, pero usualmente entendemos muy poco de lo que está pasando y escuchamos palabras que nos resultan extrañas. A continuación, se nos dice que debemos orar para hablar con Dios, y que es muy importante, pero nadie nos dice cómo, no se recibe una pequeña preparación para orar adecuadamente. Es común escuchar que ‘orar es hablar con Dios’, pero al tener como referencia las oraciones que se hacen por creyentes que llevan tiempo en esto, se nos puede formar una confusión, por el uso de palabras de otros idiomas y que son de uso frecuente en el entorno de la iglesia, el uso de términos que a veces ni siquiera son correctos, pero se emplean al orar en voz alta, y extensas oraciones en las cuales hay frases que se repiten una y otra vez. Por repetición, comenzamos a orar como esas personas, sin saber qué hacemos, pero ya se nos escucha similar al resto de los feligreses.
En esta porción del evangelio según Mateo, Jesús de Nazaret está hablando acerca de cómo orar. ¿Quién mejor que Él para ilustrarnos acerca de esto? Nos dice que no usemos repeticiones vacías, como los gentiles, que piensan que por usarlas y agregar palabras rebuscadas serían oídos. En la época del Mesías era frecuente que los extranjeros que habían allá, griegos, romanos, entre otros muchos pueblos, utilizaran oraciones preelaboradas y las repitieran una y otra vez. Esta costumbre se mantiene en la actualidad por hindúes y mahometanos. Cristo está aclarando que estas repeticiones no tienen ningún impacto en la calidad de la oración.
En la oración confluyen varios aspectos que hacen que sea efectiva: la intervención del Espíritu Santo como canal de comunicación, la disposición de Dios en escucharnos, y su conocimiento de lo que necesitamos antes de que lo pidamos, la solicitud de Jesús de que las cosas pedidas sean hechas en Su nombre. Todo esto unido hace que de nuestra parte lo más importante sea nuestra motivación a orar y tener comunión con nuestro padre Celestial, no cuantas veces repetimos lo mismo, o que tan rebuscadas palabras usemos.
Hay distintos tipos de oración, los cuales, si bien pueden darse por separados, lo más frecuente es que en una oración se pase por la mayoría de estas categorías: acción de gracias, adoración, confesión, arrepentimiento, intercesión, meditación, petición, entre otras. Con todo, el primer paso es hablar con nuestras propias palabras, como hablaríamos con nuestro propio padre, teniendo claro el propósito de la oración y dejando que el Espíritu Santo nos guíe en este momento de comunión con Él.
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