“Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.”
Salmos 119:165 RVR1960
A ninguna persona le gusta que le digan lo que tiene que hacer o como debe comportarse. Por el contrario, siempre se trata de forzar los límites, y probar fuerzas. En el momento en que se dice que algo no debe hacerse, entonces es que se quiere hacer con más ganas. Esta siempre ha sido la naturaleza humana, y se pone de manifiesto en todas las etapas de la vida, niñez, adolescencia y adultez. La obediencia de las normas y reglas de la sociedad son acatadas por las consecuencias que puede traer las violaciones de éstas, y, sin embargo, siempre se trata de evadirlas, incurriendo en ilegalidades que se continúan haciendo mientras no se les descubre.
Las leyes impuestas por Dios para el pueblo de Israel, no cabe dudas que eran rigurosas, y abarcaban todos los aspectos de la vida de ellos, y esto era algo pesado de llevar y cumplir. Con todo, vemos que el salmista declara: Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo. En este caso hay beneficios, además de las reglas y mandamientos que había que obedecer. La observancia de ellas, traía paz a las vidas y los tropiezos eran quitados de sus caminos. Mientras los incrédulos creen que quien vela sus transgresiones son seres humanos como ellos, los creyentes saben que el Dios omnipresente tiene una mirada atenta sobre cada uno de nosotros, y no podemos ocultar nuestras faltan en ningún lugar donde nos escondamos. La desobediencia en tiempos de los profetas que guiaban al pueblo israelita era pagada con la muerte, dependiendo de la gravedad, pero el cumplimiento adecuado de la ley evitaba problemas sociales, familiares y de salud a los hebreos.
Si bien la práctica de la ley no es aplicable a los cristianos en la actualidad, la definición de pecado si lo es. Y cada principio y mandamiento dado por Jesús sí es de estricto cumplimiento a los que aman a Dios. Y es para este grupo de creyentes que está la promesa de paz y eliminación de tropiezos hoy en día. Obedecemos por amor, porque es bueno para nosotros, y porque de ello obtendremos salvación y vida eterna.
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