Solo con la presencia de Dios

    “Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.”

    Éxodo 33:15 RVR1960

    El liderazgo comprende un conjunto de habilidades que sirven para dirigir, influenciar y tomar decisiones. Esta es una cualidad muy apreciada en el entorno profesional y militar, pero aun en el ambiente familiar es práctica, pues posibilita enfocar a sus miembros en función de su desarrollo. Aunque puede crearse a un líder, muchos lo son por haber recibido esto como don de Dios, y para llevar a cabo un ministerio, se requiere tener estas dotes. Sin embargo, hay algo que es más vital tener.

    Nadie fue un líder como Moisés para el incipiente pueblo de Israel. Pero, aunque fue formado en la corte de Faraón y tenía gran conocimiento, sabía que le faltaba algo aún. Él le declara a Dios, ante Su intención de llevar a los hebreos a la tierra que había prometido: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. Prefería quedarse en el desierto con Dios, que ir a la tierra prometida sin Él. Sin importar sus dotes de liderazgo, su preparación, su tiempo al frente de los israelitas, entendía que solo con la presencia de Dios podía prevalecer. Y en esto puede residir la diferencia entre un ministerio o liderazgo exitoso y uno totalmente fallido. Cuando Dios va con nosotros tenemos guía, protección, victoria, seguridad, paz. En Él lo tenemos todo, sin Él no tenemos nada.

    Sea de índole profesional, ministerial o personal, debemos rendir nuestro ser y permitir que Dios nos guíe. Solo con Su presencia podremos tener éxito en cualquier tarea que nos propongamos, mientras que sin Él solo fracasaríamos. Hagamos nuestras las palabras de Moisés, hasta cuando salimos de nuestro hogar: Señor, si no vas conmigo, no me dejes salir. ¡Dios te bendiga!

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