Amando las esposas

    “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”

    Efesios 5:33 RVR1960

    Las mujeres han sido etiquetadas como el sexo débil hace mucho tiempo atrás. Y ellas han tenido que sufrir a lo largo de la historia de la humanidad maltratos y violencia, llegando hasta nuestros días. Se considera que, a nivel mundial, el 35 porciento de las mujeres han sido víctimas de violencia física o sexual, que casi el 30 porciento han sido violentadas física o sexualmente por parte de sus parejas y llegando en algunas regiones del mundo hasta de un 38 porciento, mientras que los feminicidios por violencia conyugal llegan al 38 porciento del número total. Estos números son alarmantes.

    En el matrimonio, la mujer puede ser sometida a todo tipo de abusos, desde el verbal al físico. Muchas situaciones de maltrato psicológico se han dado, y ellas no se animan a reportarlo a las autoridades competentes, ni a abandonar este hogar donde sufren en silencio. Las estadísticas anteriores son números que posiblemente no llegan a contemplar la totalidad de los casos reales que están sucediendo.

    En el ámbito de los creyentes, este es un caso que se da también. Mujeres cristianas casadas con personas inconversas, pueden sufrir todo tipo de situaciones, desde burlas hasta confrontaciones directas por causa de la fe. Pero entre matrimonios cristianos, puede suceder que el hombre olvide su papel.

    El apóstol Pablo, en su epístola a los Efesios, recuerda la función a los esposos y esposas: a ellos les manda que amen a sus mujeres como a ellos mismos, y a ellas que respeten a sus maridos. Cuando hay una relación íntima se olvida con facilidad todo el tiempo que el esposo pasó conquistando a la mujer de sus sueños, y se olvida por parte de los dos el trato cariñoso. Con el tiempo comienzan a existir fricciones y el respeto mutuo se afecta. Pero es un mandato a los hombres no olvidar el amor que deben a su pareja, siendo este como el que uno se tiene a sí mismo. Nunca hacemos nada para dañarnos, y esto es lo que debe hacer un hombre: tratar a su esposa con delicadeza, y tener los detalles con ella que le gustaría que tuvieran con él. Por parte de ella, al tener respeto por quién decidió que fuera su esposo, logrará evitar tiranteces y conflictos conyugales. Y en esta fórmula, no debe faltar Dios, teniendo comunión y dependencia de Él. Cualquier situación en el matrimonio, debe mediar nuestro Padre Celestial para darle solución efectiva, y la sujeción a Su Palabra hará que haya felicidad en el matrimonio. Esposo, amor hacia su esposa constantemente. Esposa, respeto hacia él y corresponda a ese amor.

    #AmandoALaEsposa, #RespetandoAlEsposo, #MatrimonioCristiano, #MinutosConDios, #ReflexionesDiarias

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *